Diez anacronismos que perviven en la última dictadura comunista de América

Cuba sorprende al visitante con patéticas estampas que muestran una isla congelada en el tiempo y unos usos y costumbres desaparecidos hace décadas en la mayor parte del mundo.

1 - La libreta de abastecimiento: Quizá el mayor quebradero de cabeza del Gobierno cubano por su alto costo, en la isla se mantiene este vestigio de tiempos bélicos por el que la población recibe cada mes a precios testimoniales una -cada vez menor- cuota de alimentos básicos como arroz, aceite y huevos. Este subsidio es aún imprescindible para los sectores más pobres del país. 2 - Los Comités de Defensa de la Revolución: Los infames CDR son organismos presentes en cada barrio creados en 1960 como sistema de vigilancia colectiva por Fidel Castro, quien los llamó los ojos y oídos de la Revolución. En la actualidad cumplen también labores sociales y de defensa civil en caso de desastres, aunque siguen siendo meros centros de delación de cualquier forma de disidencia, como lo fueron los jefes de manzana del primer peronismo. 3 - El voto a mano alzada: En las elecciones municipales, los delegados del poder popular (concejales) son elegidos en cada barrio a mano alzada por sus vecinos. Según el Gobierno cubano, este sistema ilustra la representatividad democrática del sistema, pero son contadas las ocasiones en que ha logrado ser elegido un candidato independiente. 4 - La rendición de cuentas: Aunque existe en la mayoría de las instituciones cubanas, la rendición más vistosa está ligada a lo anterior. Al final de su gestión, cada delegado popular debe, en el papel, rendir cuentas a sus representados en una asamblea en la que también recibe, a menudo acaloradas y socarronas, las quejas de sus vecinos sobre los problemas que los aquejan. Es un mero formulismo o directamente una charada, pues en la práctica el régimen elige a dedo a los vecinos que pueden participar.

5 - Los desfiles del pueblo combatiente: En fechas revolucionarias señaladas como el primero de mayo los cubanos están forzados a participar en multitudinarios desfiles para mostrar a propios y extraños la unidad popular, aunque lejos de las disciplinadas estampas militares de otras latitudes estos actos acaban a ritmo de conga caribeña.

6 - La iconografía revolucionaria: Las grandes vallas y pancartas con consignas revolucionarias e imágenes del guerrillero cubano-argentino Ernesto Che Guevara, Fidel Castro y su hermano Raúl Castro llenan aún calles y edificios en todo el país. El culto a la personalidad -al mejor estilo estalinista- es una costumbre mantenida casi intacta en casi sesenta años de una Revolución que inspiró su propio movimiento gráfico. 7 - Los pioneritos: Como hace casi seis décadas, los escolares cubanos siguen usando uniformes con pañuelos, que cambian de azul a rojo en fechas señaladas del calendario revolucionario para simbolizar su pase a los grados superiores de la enseñanza primaria. El saludo casi militar de Pioneros por el comunismo, seremos como el Che todavía cierra a coro las diarias reuniones matutinas en cada escuela del país. 8 - El funcionamiento analógico: A diferencia del resto del mundo, en Cuba las transacciones con dinero en efectivo todavía son la regla y la inmensa mayoría de los trámites se hacen de forma presencial. Los cubanos dicen en broma que hacer colas es el deporte nacional, costumbre que sin embargo podría desaparecer en un futuro cercano debido al cada vez mayor acceso de los cubanos a internet y los esfuerzos del Gobierno por digitalizar sus servicios. 9 - Clases de marxismo y leninismo en las escuelas: Desaparecida como asignatura en Rusia con el derrumbe de la Unión Soviética, donde surgió como base teórica para la construcción del socialismo, la filosofía marxista-leninista aún se enseña dentro del currículo de las enseñanzas media y superior en Cuba, donde se ofrece entre las opciones de licenciaturas en las principales universidades del país. Naturalmente, es peligroso rehúsarse a participar de los cursos. 10 - El parque móvil: Los modelos de coche soviéticos de las marcas Lada y Moskvich y los almendrones estadounidenses de los 50 y 60 que aún ruedan por las calles de Cuba están entre los principales reclamos de los viajeros que buscan conocer una isla detenida en el tiempo. Más que un objeto de colección, para los cubanos representan un medio para ganarse la vida o una manera de sortear el colapsado transporte público.

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