Otra vez Su Santidad antepone la doctrina al dolor de los pueblos

Pocas o casi ninguna vez en lo que llevamos de los siglos XX y XXI, vimos un Papa tan jugado a lo ideológico, más allá de lo religioso, incluso pasando por encima de enseñanzas tan básicas para el cristianismo como la misericordia. Qué necesita Francisco para ver que cientos y cientos de ciudadanos cuyo único pecado es pensar distinto son aniquilados sistemáticamente en Venezuela y Nicaragua. Sería hasta comprensible y razonable entender que un Pontífice defienda incluso una línea cristiana como fue en su momento la Teología de la Liberación, que inspirara el obispo brasileño Helder Cámara.

Eran tiempos donde el hambre en Latinoamérica estaba generada por el poder de los poderosos y buena parte del mundo, de alguna manera, luchaba para revertir la situación, equivocado o no. Pero ahora es distinto. Ahora hay dos dictaduras sangrientas que manejan el narcotráfico, la trata de personas y la persecución política con un ensañamiento hasta la muerte.

A pesar de esto, el obispo Jorge Bergoglio no puede abstraerse de su notoria simpatía por los populismos latinoamericanos a los que parece empeñado en defender pese a todo. Cuando envió su mensaje navideño a los dos dictadores, Nicolás Maduro y Daniel Ortega, les deseó que Venezuela "encuentre la concordia"" y "que llegue la reconciliación a Nicaragua".

Según Francisco en esos países hay sólo algunos desajustes menores y no tuvo presente la constante violación de los derechos humanos. Por otra parte, derechos que fueron la bandera de los gobiernos populistas para ganarse la simpatía de la izquierda internacional.

Los gobiernos irregulares de ambos países son definidos en el mundo libre como narcodictaduras militarizadas, pero para el Papa sólo se tata de concordia y reconciliación. La última advertencia que llegó al Vaticano fue una carta firmada por 20 ex presidentes de Latinoamérica en donde entre otras cosas suscriben que "Nos preocupa el llamado de Su Santidad a la concordia, ya que, en el contexto actual puede entenderse ello como un pedido a los pueblos que son víctimas para que se acuerden con sus victimarios; en lo particular, en el caso venezolano, con el gobierno que ha causado 3.000.000 de refugiados, en una diáspora que proyecta la ONU para 2019 de 5,4 millones de personas".

Por su parte, en Nicaragua la población sigue manifestándose en la calle donde es atacada por una brutal represión del gobierno de Ortega, que según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ya dejó más de 400 muertos. Al igual que Maduro, el dictador nicaragüense no da el brazo a torcer y se aferra al poder pese a las presiones nacionales e internacionales. En Venezuela, además de una inflación que llegará al millón por ciento, no hay alimentos ni medicina, y ya la gente se pelea por un plato de comida.

Esto, Su Santidad, no puede arreglarse con un poquito de reconciliación. Usted no debe avalar a estos regímenes que atentan contra todos los principios básicos del cristianismo aunque para usted sea más importante mantener la doctrina política que el hambre y la desesperación de estos pueblos hermanos. Los argentinos ya sabemos de sus simpatías y de sus odios de comité, pero este es un asunto más grave que necesita de las voces de los más influyentes, y la suya es una de ellas, para impedir que se siga matando gente, que termine la diáspora venezolana y el genocidio en Nicaragua.

Maduro juramentará mañana, 10 de enero, ante el Tribunal Supremo un nuevo mandato, ignorando una vez más la negativa para que lo haga en la Asamblea Nacional. Habrá más detenciones, más asesinatos porque este heredero de Hugo Chávez no tiene límites.

Bergoglio tendría que entender que la "revolución" ya fue, que los tiempos cambiaron, que la democracia tiene elementos de defensa para modificar el rumbo y hasta modificar el destino, pero para eso hay que respetarla y Usted, su Santidad, está apoyando a los que la violan sin reparos.

Los 20 ex mandatarios en su dura misiva incluyeron un párrafo que tal vez el Papa debería revisar con atención: "La Encíclica Ad Petri Cathedram reza que el llamado a la concordia ha de hacerse, fundamentalmente, a los que gobiernan las naciones".

"Los que oprimen a otros y los despojan de su debida libertad no pueden ciertamente contribuir a esta unidad de las inteligencias, de los espíritus, de las acciones" como lo recuerda su predecesor, San Juan XXIII, y que todos anhelamos reconquisten los queridos pueblos de Venezuela y de Nicaragua a partir de la verdad y de la justicia, para que gocen de una justa paz. Recapacite su Santidad, recapacite.

V. CORDERO

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