A 100 años de la Semana Trágica

Los violentos hechos ocurridos en enero de 1919 suelen ser tratdos desde una óptica ideológica. Sin embargo, el proceso es mucho más complejo y tiene aspectos poco conocidos.

Yrigoyen ante el desborde de la capacidad de la policía, puso la Ciudad bajo la autoridad del Ejército como garantía de orden y paz.

Los sucesos acaecidos en Buenos Aires, durante la denominada Semana Trágica de enero de 1919 fueron abordadas comúnmente según el cristal ideológico de sus narrador, en general identificados con la izquierda radicalizada y sectores anti democráticos.

De tal modo hacen referencia exclusivamente a la represión y muerte de trabajadores huelguistas de los Talleres Vasena y de otros grupos obreros anarquistas involucrados en los hechos.

Sin embargo, el proceso es mucho más complejo y exhibe numerosas aristas que no son usualmente difundidas y analizadas con la artera intención de endilgar al presidente Yrigoyen una actitud antiobrerista y represiva, lo que pondría en evidencia una "actitud de clase" de su parte que no condice con la realidad de su filosofía y su accionar como gobernante.

Por el contrario, es imprescindible considerar como previo y determinante el contexto mundial y regional por la proximidad del estallido de la Revolución Bolchevique en Rusia en octubre de 1917 (que desde febrero de ese año transitaba un proceso de paulatina democratización de tendencia socialdemócrata que fue boicoteada por Lenin y Trostky) y su indubitable influencia en los movimientos políticos y sociales de izquierda radicalizada en todo el mundo que preferían exacerbar las contradicciones de manera de preparar las condiciones objetivas para reproducir el clima de la revolución que ponga fin a la democracia burguesa y procediera a la dictadura del proletariado.

Ello colisionaba con los intereses de la derecha conservadora más reaccionaria, que aún resistía en el país las profundas reformas democratizadoras de Yrigoyen y que encontraba en el estallido social la excusa ideal para desatar su furia desembozada contra los sectores desposeídos de la sociedad a los que el presidente radical comenzaba a beneficiar mediante sus políticas reparadoras con el declarado propósito de que "bajo la bóveda de nuestro cielo no haya un solo desamparado".

Anteriores huelgas y conflictos gremiales suscitados en su presidencia (como en el caso de los portuarios de 1917) habían sido resueltas por Yrigoyen en un marco pacífico y con beneficio para los obreros, lo que empezaba a ser cuestionado por el medio empresarial y la banca como una antesala de la socialización de la economía.

HUELGA EN LOS TALLERES

Volviendo al relato de los hechos, a comienzos de enero de 1919 los Talleres Metalúrgicos Vasena se encontraban en huelga y sus plantas de San Cristóbal y Nueva Pompeya fueron sitiadas por elementos pertenecientes a la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) del Vø Congreso, de matriz anarquista, propulsora de la violencia y la acción directa.

Con el propósito de quebrar la huelga que paralizaba la actividad del establecimiento con sus consiguientes consecuencias económicas negativas, los propietarios del establecimiento con el apoyo de los núcleos empresarios y políticos del conservadurismo más rancio contrataron personal que suplantara a los huelguistas, los cuales al pretender ingresar al local fueron atacados a tiros por los activistas.

Se desató entonces una represión feroz y con un saldo de muertos y heridos de ambos bandos. En aquella primera refriega entre huelguistas activistas y fuerzas policiales, cayó muerto el cabo Vicente Chaves.

El presidente Yrigoyen en los primeros momentos de la crisis encargó a Elpidio González jefe de Policía de la Capital que estableciera contactos con dirigentes de la FORA IXø Congreso, de tendencia sindicalista no violenta, para procurar una salida negociada y pacífica al conflicto.

El jefe de policía se reunió con Sebastián Marotta, secretario general de la entidad gremial y sentaron las bases del acuerdo: en las siguientes 24 horas la empresa Vasena aprobaría las mejoras solicitadas por los obreros y el gobierno dispondría la libertad de los detenidos por los disturbios.

Como contrapartida, los huelguistas deberían desalojar el establecimiento ocupado. Pero el plenario de la agrupación sindical rechazó de plano la propuesta oficial y las seguridades brindadas por González y decidió la continuidad de la huelga. Elpidio se hizo presente entonces en la misma sede de los talleres, procurando agotar la vía del diálogo y evitar consecuencias sangrientas, pero su autoridad fue desconocida por los manifestantes y fracasó su gestión. Debió retirarse escapando del lugar ya que los más exaltados volcaron e incendiaron su vehículo oficial ocasionando la muerte del custodio subteniente Antonio Marotta.

La crisis llegó a su cenit cuando la patronal decidió recurrir a matones profesionales y grupos de acción directa organizados con lo más rancio de la reacción política local que produjeron episodios verdaderamente sangrientos en la ciudad de Buenos Aires, desatando su furia antisemita y xenófoba, de los cuales no es posible atribuir responsabilidad alguna al gobierno de Yrigoyen.

RELATOS DE HISTORIADORES

La mayoría de los relatos de historiadores de izquierda parecen destinados demostrar que la represión paralegal desatada la Liga Patriótica Argentina fue tolerada por la mirada indulgente del presidente radical. Por el contrario Yrigoyen en su condición de Jefe de Estado y de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, ante el desborde de la capacidad de la policía de la ciudad por el accionar vandálico y descontrolado tanto de los grupos de ultraderecha y vinculados a la patronal, como de los sectores más combativos del sindicalismo anarquista, puso la ciudad bajo la autoridad del Ejército como garantía de orden y paz.

La responsabilidad del comando de restablecimiento del orden y la represión del delito recayó en un militar profesionalista de enorme prestigio en medios castrenses y de virtuosa subordinación a la autoridad constitucional, el general de división don Luis Dellepiane, que sería posteriormente ministro de Guerra en la segunda presidencia de Yrigoyen.

El accionar militar de las fuerzas comandadas por Dellepiane puso fin el 13 de enero a los luctuosos acontecimientos desatados desde el día 4, restableciendo el orden, la paz y la convivencia civilizada en la Capital de la República.

Se conoce que la conspiración de sectores conservadores reaccionarios intentó influenciar a Dellepiane para que una vez restaurado el orden en la ciudad destituyera a Yrigoyen y estableciera una dictadura, que pusiera fin al denominado "Peligro Rojo", lo que fue desechado por el militar.

Nunca se estuvo tan cerca del quiebre de la continuidad institucional hasta entonces, lo que ocurriría finalmente el 6 de septiembre de 1930 a manos de otro general de la Nación.

NUMERO DE VICTIMAS

El número de víctimas de los episodios de la Semana Trágica es aún motivo de discusión. Los datos de la Policía indican que fueron 141 los muertos y más de 500 los heridos. El prestigioso historiador del movimiento obrero Julio Godio sostiene que existieron 40 occisos sin precisar número de heridos. La prensa obrera y fuentes de izquierda indican que los muertos superaron el centenar.

Es interesante saber que todas las fuerzas políticas y sociales de la República repudiaron los hechos de violencia perpetrados por uno y otro bando de la disputa desatada en esos trágicos días. Hasta el Partido Socialista, tradicional fuerza de carácter reformista y pacífica, condenó la violencia huelguista.

Para los trabajadores de Vasena, sin embargo, hubo una reivindicación en cuanto a sus reclamos y derechos. El presidente Yrigoyen forzó de la patronal la reducción del horario laboral de 11 a 8 horas, aumentos del jornal que oscilaron del 20 al 40%, del 50% en el caso de las horas extras y la reincorporación de los obreros cesanteados por la huelga.

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