No es de fascista pedir que los extranjeros que delinquen se vayan

 

Es triste callarse por prejuicios o por miedo a ser etiquetado de tal o cual cosa. Ahora el propio Gobierno activa, tal vez motivado por el año lectoral, la cuestión de los extranjeros indocumentados que llegan a nuestro país. Un tema del que la gran mayoría de los argentinos habla pero con la boca chiquita por miedo a ser tildados de fascistas o violadores de los Derechos humanos, pero en opinión coincidente que el sistema de fronteras sin fronteras no es el mejor y que el país se llenó de delincuentes provenientes de casi todos los países limítrofes.

 

Todos lo saben pero tienen miedo de tomar medidas por aquello del no cruzar una raya imaginaria impuesta por muchos años de populismo que impuso la política de puertas abiertas sin siquiera preguntar quién es. De hecho de esa política los gobiernos anteriores consiguieron entregarles el documento nacional de identidad de decenas de miles de extranjeros que los días de elecciones cruzan la frontera y vienen a votar o los otros, los radicados dentro del territorio que son incluidos  en todos los planes sociales del Estado, un voto caro donde los haya. Sabemos que la corrupción en las fronteras es mucha y que los micros, por ejemplo, entras desde Bolivia con pasajeros indocumentados que solo deben aportar un dinero para poder ingresar al país.

 

Los números son elocuentes si hablamos solo de la inmigración boliviana. Su crecimiento se puede evaluar teniendo en cuenta el censo nacional de 1980 cuando la población de ese país en el nuestro era de 118.141 y en el último censo de 2010, la cifra alcanzó los 345.272, un aumento del 192,25 por ciento.

 

Ya son la tercera ola inmigratoria llegada a nuestro país, después de la italiana y la española. Y eso no estaría nada mal, si Argentina hubiese tenido un control exhaustivo en sus pasos fronterizos y se hubiera aplicado como se debe la ley de Inmigración.

 

Los narcos peruanos y los narcos mexicanos eligieron nuestro territorio para ampliar sus negocios incluso con cierta complacencia desde el Poder que parecía no darse cuenta de nada, ni siquiera en el recuento de los muertos que deja la guerra entre bandas. Ahora el Gobierno propondrá la modificación a la actual legislación migratoria con el objetivo, entre otros, de expulsar a los extranjeros que delinquen y terminar con el descontrol en las fronteras. Ordenar el flujo de extranjeros que pretenden radicarse en nuestro país parece ser una decisión acertada y también lo sería quitarles los planes sociales a aquellos que no estén debidamente documentados, a los que tengan antecedentes penales en sus países de origen y eliminar del padrón a los residentes en países extranjeros que voten en mesas electorales en Argentina por solo tener DNI. Ya pueden venir los organismos de derechos humanos y acusarme de "bolsonarismo", o de fascista retrógrado, puede ser que así sea, pero quiero lo mejor para nuestro país y dejan de mantener a una masa de gente que huye de su país por la justicia y no por necesidad. Cada semana o quincena, las empresas que se dedican a enviar dinero al exterior sacan del país millones de dólares con destino a países limítrofes. Solo en 2017 esa cifra alcanzó los 3.960 ,9 millones de dólares.

 

Así de fácil y nadie controla nada, eso sí, si un argentino se atrasa en la cuota de un impuesto llegan cartas documento amenazantes de  parte de los organismo estatales. Usted, querido lector, me puede decir, pero con el fruto de su trabajo cada uno hace lo que quiere y yo le digo que está bien, pero si estás viviendo en una nación que te da todo, que no controla, ahorralo aquí, usalo aquí, gastalo aquí. Seguramente la iniciativa del Gobierno no llegue a buen puerto, pero apoyo aunque sea el intento y aunque sea un gesto electoralista. Instalar el tema ya es válido y tiene importancia. A fin y al cabo es verdad que Argentina está abierta a "todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar su suelo" pero solo a esos, los demás, a su casa.

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