CRÓNICAS DESDE PANAMÁ: Bergoglio, no tienes vergüenza.

La jornada mundial de la juventud Panamá 2019 va llegando a su fin, a Dios gracias, y cierra así el círculo del que semanas antes del evento les fuimos informando; de desorganización, ausencia de contenido católico, herejía sostenida, papolatría ramplona, y ausencia de Dios.

Podríamos hablarles de muchas cosas. De los aspectos oficiales, no es necesario, porque de ellos ya conocen a través de los medios generalistas, y a través de los medios católicos obsecuentes con Bergoglio, y ya saben que “de la misa la media”, a los efectos de creer lo que ahí les cuenten.

Y para aquello de lo que nadie les va a hablar, y esas cosas que nadie les cuenta de la JMJ, que es para lo que creamos esta sección; quiero hoy hacer hincapié en algún punto concreto que me parece destacable.

Quisiera comentarles lo sucedido (mejor dicho, lo no sucedido) con el asunto de Venezuela. El “papa” de la Iglesia Católica llega al continente americano justamente cuando se está produciendo una gravísima crisis en el país venezolano, provocada por el dictador marxista Maduro, que por cierto, sigue teniendo atenazada a la mayoría católica, además de absolutamente empobrecida a toda la población. Sería de esperar que el “Pontífice”, y más este, que según él, vino para salvar las injusticias del mundo y de los pueblos, hiciera algún tipo de manifestación al respecto, diera alguna palabra de aliento a los miles de jóvenes venezolanos, que esperan su apoyo… Pues nada. Silencio. El régimen de maduro, por dictatorial, tirano y asesino que sea, es populista de izquierdas. Es marxista. Y a los amigos no se les toca. Así de claro. Ésa es la vergüenza que nos está tocando sufrir.

¿Y qué es lo que han dicho los ciudadanos venezolanos que han asistido a la JMJ? Pues eso, lo esperado, que Maduro es un dictador y el papa Francisco no dice nada. Entre la tristeza, la sorpresa y la amargura, observan como entre bailes, monsergas, y demás tonterías y discursos vacíos, globalistas y generalistas, no se producía ni una sola palabra de apoyo al pueblo venezolano, y de denuncia del dictador marxista. Nada. Cero.

Atiendan a estas historias:

Lleva una bandera de su país de sesenta metros de longitud con la leyenda “Pray for Venezuela” (Reza por Venezuela). La mandó hacer con la ayuda de otros compatriotas, para que la lea el planeta y el Papa, al fijarse en ella, enviase un mensaje de apoyo a la lucha de su pueblo contra la dictadura chavista. Pero Bergoglio no dedicó una sola mención a la crisis venezolana en el acto multitudinario destinado a los peregrinos, que tuvo lugar bajo un sol atorrante, en la Cinta Costanera, un kilométrico paseo marítimo que bordea el Golfo de Panamá.

“Duele ese silencio”, señala Darío Ramírez para EL MUNDO.

Al mismo medio se dirige Carla Fonseca. Ató su bandera de Venezuela a la valla que cierra la calle por el que pasará el Papa móvil. Quiere que, por lo menos, el Pontífice al verla, no olvide la tragedia de su nación. “No entiendo que no se haya pronunciado en ninguno de sus primeros discursos. Maduro es un dictador y el Papa no dice nada”, se queja. “Una sola palabra de aliento que diga en algún momento significa mucho. Lo que necesitamos en estos días es fe en lo que hacemos, en la lucha por la libertad”.

Es un asunto de una gravedad extrema. Pero Venezuela no es el único caso.

Los nicaragüenses aguardaban, así mismo, alguna palabra sobre los abusos del gobierno de Daniel Ortega, sobre todo en la reunión con prelados de Centroamérica. Reunión en la que, por cierto, todo fueron una vez más palabras rimbombantes referidas a la solidaridad de los pueblos, a la globalización, y unos discursos que más parecieran del presidente de la organización de las Naciones Unidas. Pero de la terrible injusticia cometida por Daniel Ortega contra los nicaragüenses, especialmente contra los católicos, cero palabras. Nada.

Bergoglio llega a un continente plagado de dictadores marxistas qué oprimen a sus pueblos; y se encuentra con miles de jóvenes de esos pueblos, ávidos de una palabra de apoyo, de una pequeña denuncia aunque sea, de un soplo de esperanza proveniente del presunto Pontífice de la Iglesia Católica.

Nada. Silencio absoluto. Son marxistas, son de izquierdas, y no conviene tocarlos.

Nos dirán los papólatras, dispuestos a la cuadratura del círculo, que el papa no ha hablado de ello porque no quiere interferir en las políticas internas de los países.

Cállense, anden. No hagan el ridículo.

Les recuerdo que todavía no había sentado sus pontificales posaderas en el avión que le llevaba a la jornada mundial de la juventud, y ya estaba criticando a Donald Trump, y hablando de la política norteamericana, y de los muros, y de los puentes, y de la madre que los trajo al mundo.

Hay que tener muy poca vergüenza para ir al continente americano, y faltarle el respeto al presidente que está haciendo mucho más que el por la defensa de la vida de los no nacidos; y que ha salvado más vidas humanas que el desde su posición; y sin embargo callar y ser obsecuente con todas las dictaduras marxistas y populistas que sangran Latinoamérica.

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