El chupete y la pantalla como chupete

La mayoría de los bebés usan chupete, algunos se chupan el dedo desde la panza y entonces lo rechazan, a otros pocos no les gusta, algunos bebés usan la teta como chupete, no sólo como alimento sino también para calmar ansiedades (cuando en condiciones ideales es la persona de mamá la que las calma al regularlos y enseñarles a regularse una y mil veces). Con el chupete en la boca el bebé (o el niño) se calma y se mete para adentro, se ensimisma, no necesita de nada ni de nadie, por lo menos por un rato.

La Sociedad Argentina de Pediatría sugiere su uso, es una de sus recomendaciones para prevenir la muerte súbita del lactante durante los primeros seis meses de vida. Pero se habla poco de hasta qué edad es conveniente usarlo y cuáles son los riesgos del uso excesivo del chupete. No soy odontóloga y los dientes torcidos o el paladar hundido no me competen, pero me parece muy importante que cuando los bebés van creciendo los padres usemos otros recursos para calmarlos y acompañarlos a aprender a calmare a sí mismos. Al ponerles el chupete se tranquilizan, pero se interrumpe la comunicación y el contacto, de alguna forma los perdemos y perdemos una valiosa oportunidad de conectar con ellos en los momentos de "crisis".

Cuando se acercan al año de edad recomiendo dejar el chupete exclusivamente para dormir. Los chiquitos ya tienen forma de comunicar lo que quieren y nosotros podemos interpretar sus mensajes y responder de mil maneras diferentes: besos, abrazos, palabras de comprensión o de consuelo, alzarlos, darles lo que piden, etc.. Si no dejamos el chupete en la cuna es probable que no enriquezcamos nuestros recursos para atenderlos ni los suyos para hacerse entender y resolvamos muchos temas poniéndoles ese "tapón" en la boca.

Lo mismo ocurre un poco más adelante con las pantallas: nos acostumbramos a distraerlos de los reclamos, pedidos y quejas, o del aburrimiento, miedo, enojo, o tristeza, con una pantalla: con ella adelante se portan bien, no se pelean, no se aburren, no nos piden nada, pero desaprovechamos oportunidades de interacción, el niño se mete ahora adentro de la pantalla -en lugar de ensimismarse como ocurría con el chupete -y se retira de su entorno: no habla, no interactúa, no pide, no juega, ni aprende a entretenerse de otra forma. Se empobrece el intercambio humano, a los chicos les cuesta quedarse quietos o prestar atención salvo ante la pantalla (es tan atractiva que quedan "pegados" y quietos), les cuesta ser creativos, organizar sus ideas, expresarse, interactuar con nosotros y con hermanos y amigos.

El gran inconveniente tanto del chupete usado como tapón como de las pantallas utilizadas para eso es que las dificultades no desaparecen, sólo pasan a segundo plano y se postergan, incluso pueden agravarse con el correr del tiempo: siguen teniendo hambre, o sueño, o el amigo sigue sin querer venir a jugar, o la mala nota permanece en la mochila y mamá tiene que verla, el hermano le molesta igual, etc., pasó el tiempo y los temas no se procesaron, simplemente quedaron entre paréntesis. Y ahora tiene más hambre, o más sueño, o no queda tiempo para invitar a otro amigo, o mamá se va a enojar mucho porque no le mostró la prueba más temprano.

No propongo cero pantalla, son parte de nuestro presente y de nuestro futuro, son muy útiles. Una de nuestras tareas es que los chicos no hagan un uso adictivo de las pantallas, es decir que no las usen para desconectarse, o para esquivar las dificultades, sino como entretenimiento o para investigar o aprender. Con menos pantallas y más presencia lograremos ayudar a nuestros hijos a enriquecer sus recursos para enfrentar las dificultades y los contratiempos de la vida sin necesitar de atajos como podrían ser chupete o pantallas, y tampoco otras conductas adictivas, utilizadas para no pensar, para no conectar, para no sufrir.

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