Los mitos de la Revolución Cubana

20/03/2019

Llegado Fidel Castro a La Habana, el 7 de enero de 1959, se convirtió rápidamente en el poder detrás del trono y el país se gobernaba por televisión a través de los invariablemente interminables discursos del Comandante.

 

Fidel Castro hace 60 años.

A 60 años de la jornada gloriosa del 1º de enero de 1959, cuando a Cuba le llegó la noche, creo que sigue existiendo una confusión peligrosa respecto a las razones que determinaron por qué hizo irrupción Isis, cuando esperábamos a Horus. No creo que nadie pueda ofenderse si me refiero a lo que podría considerar la visión casi universal de lo que era Cuba en 1958.

 

Según la sabiduría ortodoxa, que tiene mucho de doxa y poco de ortho, Cuba era el burdel de Estados Unidos. Allí pululaban los gángsters y la mafia americana que, con George Raft a la cabeza, controlaba gran parte de lo que se suponía era un garito universal. Según la propaganda de izquierda, con esa máquina de la mentira en nombre de la virtud, el presidente Fulgencio Batista y Zaldívar había matado a unos 20.000 idealistas, seguidores del Quijote del Plata, el Che Guevara.

 

No menos importante era la imagen de que Cuba era el paradigma de la mala distribución de la riqueza en América, donde se confirmaba el dictum de Marx de que los ricos eran cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Y por supuesto imperaba el racismo más absoluto, donde los negros no tenían cabida en una sociedad a la que habían contribuido con su música y su ritmo.

 

Esto, que he llamado la sabiduría ortodoxa, reinaba igualmente en el Departamento de Estado de Estados Unidos en manos de Roy Rubbotton y Sol Linowitz.

 

Al respecto, el embajador en La Habana, Earl T. Smith, intentaba infructuosamente transmitir la realidad imperante en el denominado Movimiento 26 de Julio, pero como dice el refrán "no hay peor ciego que el que no quiere ver". Así, en tiempos de la administración conservadora de Ike (I don"t like), Estados Unidos le quitó el apoyo a Batista y Eisenhower le pidió a Batista que se fuera y dejara entrar a Fidel en La Habana.

 

INFILTRADO

En su libro El Cuarto Piso, Earl T. Smith escribió: "Si pudiera conseguir un jurado de doce personas imparciales, estaría dispuesto a apostar cien mil dólares a que puedo convencer a todos los miembros del jurado antes de 24 horas de que el movimiento de Castro está infiltrado y dominado por los comunistas."

 

Decididamente, los políticos norteamericanos habían pasado a desconocer a los dictadores de izquierda y Castro fue la primera oportunidad de esa política. Yo no voy a dejar de reconocer que la historia política de Cuba, a partir de la independencia de 1902, cuando Estados Unidos terminó la primera intervención, deja mucho que desear. También sería falaz intentar desconocer que había burdeles en La Habana, pero en cuanto al juego, podría decir que en el casino de Mar del Plata hay ciertamente más ruletas que las que hubo en todos los casinos de La Habana.

 

Tampoco voy a decir que en Cuba todo el mundo era rico y que no había ricos y pobres o que los negros ocupaban en la sociedad el mismo lugar que los blancos. Pero sí voy a decir que nada de eso puede explicar ni la aparición de Fidel Castro, ni su larga permanencia.

 

Todo el mundo parece ignorar que el 4 de septiembre en 1933, en medio de la crisis económica mundial, algunos suboficiales al mando del sargento taquígrafo Fulgencio Batista dieron un golpe de Estado a la plana mayor del Ejército. Este golpe institucional, que rápidamente convirtió a los sargentos en generales y llevó a Batista al poder desde el campamento de Columbia hasta su elección como presidente constitucional (fraudulento) en 1940, fue en su momento aprobado y apoyado por la clase política cubana. Entre ellos, estaba precisamente el denominado Directorio Revolucionario: Carlos Prío Socarrás, Grau San Martín, Carlos Saladrigas, como el periodista Sergio Carbo, etc. Como escribiera alguna vez, los revolucionarios le habían concedido el poder a los sargentos.

 

Batista llegó al poder con ciertas tendencias comunistas. Pero en aquel entonces, aun cuando la Enmienda Platt, que autorizaba la intervención norteamericana para imponer el orden y defender la propiedad privada no había sido derogada, Roosevelt se negaba a intervenir. No obstante tan pronto se produjo el golpe militar, Roosevelt envió a La Habana al acorazado Mississippi, el crucero Richmond y dos destructores. Batista parece que percibió el mensaje anticomunista enviado desde Washington y optó por los dólares, pues parece descreía de los rublos.

 

Cuando más adelante los mismos sargentos-generales se dieron cuenta de que Estados Unidos le había quitado el apoyo a Batista, decidieron acomodarse con el régimen que viniese. Tanto más cuando los revolucionarios habían logrado traumatizar la vida cotidiana y la gente ya pensaba que cualquier cosa era mejor que Batista.

 

Algunos datos históricos dan cuenta de la corrupción política que entonces imperaba en la isla de los sargentos. En primer lugar, se votaban los presupuestos para la lucha en la Sierra Maestra y los políticos los dividían con los militares. En consecuencia, mandaban al frente algunos hombres casi desarmados, que finalmente engrosaban las filas de las guerrillas.

 

En Santiago de Cuba, se encontraba la base militar más importante después de la de Columbia, en La Habana. Fidel Castro fue a dialogar con el jefe de dicha base, y éste le rindió sus 5.000 hombres frente a menos de 300 guerrilleros, a cambio de su nominación como jefe del próximo ejército revolucionario. Por supuesto, los sargentos les vendían las armas a los revolucionarios, total daba lo mismo, viniese quien viniese la Isla "era de corcho y siempre flotaría".

 

Consecuencia, los sargentos le devolvieron el poder a los revolucionarios y Batista, conciente de esta realidad, escapaba con su séquito el 31 de diciembre de 1958, dejando a Cuba en la anarquía total.

 

LA CAUSA DE LA NOCHE

La explicación anterior es de la mayor importancia, los militares sargentos es la variable explicatoria del advenimiento de la noche. Todos los otros elementos no son más que causales adicionales secundarias, ya que Cuba, a pesar de la corrupción política, disfrutaba de un nivel de vida muy superior al resto de América Latina, con Argentina incluida. Corrupción e ignorancia asolaban a la tierra de Martí, pero en ello no era demasiado diferente del resto de América Latina, cuyos fracasos políticos sucesivos se sufren todavía. Y el relativo éxito económico de Cuba se debía fundamentalmente a que la corrupción política no había llegado al plano de lo ideológico y el sistema capitalista -con las deficiencias del caso- definía la relación económica con Estados Unidos, que era sustantiva.

 

Llegado Fidel a La Habana, el 7 de enero de 1959, se convirtió rápidamente en el poder detrás del trono y el país se gobernaba por televisión a través de los invariablemente interminables discursos del Comandante. Las prevenciones de Smith fueron corroboradas en el primer discurso de Castro a su llegada a La Habana, después de haber hecho (a lo Mao Tse Tung) una gran marcha desde Oriente. Allí, por si había alguna duda, dijo y yo lo recuerdo, pues tuve la oportunidad de oírlo personalmente: "Nosotros estamos aquí no por el Pentágono, sino en contra del Pentágono". Y dicho y hecho expulsó a la misión militar norteamericana en la isla. No obstante, Estados Unidos todavía durante el gobierno de Eisenhower, decidió contemporizar con el régimen y mandó un nuevo embajador, el Sr. Bonsal. Castro, ni lento ni perezoso, lo hizo esperar seis horas, de plantón, antes de recibirlo finalmente en el palacio de gobierno.

 

Todavía se piensa que Castro apeló a la Unión Soviética porque los Estados Unidos no lo apoyaban. Lo último que quería Fidel Castro era un acuerdo con Estados Unidos, aun cuando durante algún tiempo escondiera sus verdaderos designios, y decía que su revolución no era roja sino verde oliva. La sabiduría popular bautizó a su revolución de melón: verde por fuera y roja por dentro. Castro había llegado bajo el eslogan de restaurar la Constitución de 1940. Mis reservas respecto de dicha Constitución me las guardo por el momento, pero la misma disponía el llamado a elecciones, a lo que Castro respondió: ¿Para qué?

 

La realidad es que de haber habido elecciones en aquel momento, Castro podría haber obtenido más del 90% de los votos, con el mío en contra, desde luego.

 

Pero la institucionalidad no era su objetivo y efectivamente el presidente Urrutia pasó a la historia con el apelativo de cuchara (ni pincha, ni corta). Al fin, al poco tiempo, Castro por televisión cambió la Constitución o el sistema presidencialista por uno supuestamente parlamentario, en el cual él sustituía a Miro Cardona como Primer Ministro, pero con facultades extraordinarias. Las decisiones en dirección al autoritarismo se sucedieron a pesar de que por algún tiempo la clase dirigente política, empresaria y periodista seguía esperanzada contemplando la llegada de la revolución como una alborada.

 

LA NUEVA FRONTERA

Ya en 1961, los hechos eran evidentes y el rumbo estaba decidido cuando el propio Fidel Castro reconociera públicamente que toda su vida había sido marxista-leninista. La política norteamericana intentó un cambio y finalmente se planeó la fracasada invasión de la Bahía de Cochinos. Pero el Diablo metió la cola, y en las elecciones de 1960 ganó John Fitzgerald Kennedy, cuya visión del mundo se oponía ya a la tradicional de las instituciones estadounidenses.

 

El resultado de la incursión de Camelot en la Casa Blanca fue la traición de Bahía de Cochinos y, dos años más tarde, lo que he denominado el intercambio de misiles por caimanes. Así, se decidió el destino deplorable y siniestro de Cuba y la Nueva Frontera había extendido la frontera soviética al continente.

 

La guerrilla entrenada y financiada en La Habana asolaba al continente, pero allí, a diferencia de Cuba, los ideales del resentimiento guevarista fueron derrotados. Los actos de terrorismo se multiplicaron, particularmente a partir del año 1973, pero hoy sólo se recuerda el terrorismo de Estado, que mal que nos pese nos salvó al menos por algún tiempo del destino manifiesto comunista.

Tags: verano,

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