Al rescate del capitalismo prebendario

Una vez más, Lavagna es visto por nuestra dirigencia corporativa como el ingenuo útil capaz de hacer el trabajo ordenador, para poder volver impunemente a las andadas populistas cuando las condiciones lo permitan.

No haré campaña en torno a la corrupción, acaba de afirmar Roberto Lavagna en un reportaje con Jorge Fontevecchia. Esta afirmación es la que más llama mi atención en ese reportaje. Es una confirmación que su presidencia sería funcional a la impunidad de la corrupción del capitalismo corporativo y prebendario que nos rige hace 70 años, hecho que salvaría la delicada situación jurídica del establishment económico y político comprometido por los cuadernos.

El caso de los cuadernos ha asociado la suerte de la corrupción de los Kirchner con la de muchos de los empresarios del sistema. Ahora Cristina no está sola y los cuadernos amenazan con la cárcel no solo a ella, su familia y los miembros de su gobierno, sino también a una porción importante del empresariado prebendario que fue socio necesario de la corrupción kirchnerista.

Empresarios que en el 2015 aplaudieron la llegada de Macri con alivio, pues Cristina se había transformado en una amenaza muy cercana a tomar el control de las empresas privadas al estilo chavista, hoy se encuentran en el mismo bote, acusados y algunos hasta preventivamente presos. Los cuadernos han convertido en inesperados socios potenciales a Cristina Kirchner y al establishment prebendario. La democratización de la justicia se ha transformado en un poderoso factor de reunificación de toda la familia peronista con el empresariado comprometido.

EL HISTORIAL

Roberto Lavagna es el mas destacado economista representante de los intereses del modelo industrialista y del capitalismo corporativo argentino. Siempre estuvo muy cercano a sus intereses.

A pesar de ser un auto declarado peronista, sirvió a la causa industrialista ya en el Gobierno de Alfonsín, cuando desde la Secretaria de Comercio le dio forma al proyecto inicial del Mercosur (luego plasmado en los 90 como un instrumento proteccionista crucial de los industriales para guarecerse de la globalización tras la caída del muro de Berlín).

Pero su participación más notable fue la estabilización tras el colapso de la convertibilidad. Su gestión entre abril de 2002 y noviembre de 2005 fue muy exitosa, al punto de recuperar la economía a tasas chinas con una inflación baja, mientras sorteaba una profunda crisis bancaria y renegociaba la deuda externa. Su periodo en el Ministerio de Economía fue el único en las últimas décadas con superávit fiscal y de cuenta corriente (los famosos superávits gemelos), lo que le permitió a la economía pasar de una tasa de ahorro del 14% del PBI a una tasa del 24% del PBI; y así independizarnos del endeudamiento externo para recuperar la economía.

Por supuesto que su éxito pareció notable en comparación al colapso de la convertibilidad; y fue también ayudado por el viento de cola de las bajas tasas de interés internacionales y por el precio de la soja que empezaba a aumentar. Pero estas consideraciones no eliminan los méritos de su gestión. La principal virtud y la razón de su éxito fue mantener con firmeza los equilibrios fiscales, como forma ineludible de recuperar el control monetario y los equilibrios externos.

PROTECCIONISTA

Los problemas de Lavagna no pasaron por su manejo macroeconómico de corto plazo, sino por las discriminaciones a favor del capitalismo corporativo (la burguesía industrial) y en contra de los sectores económicos mas competitivos.

Así defendió a la industria con tipos de cambio competitivos mientras mantuvo la protección arancelaria. Para beneficiar a la industria con salarios bajos en dólares sin que estos perdieran mucho poder adquisitivo, congeló las tarifas de servicios y controló los precios de alimentos y energía con derechos de exportación. Su gestión manipuló groseramente los precios relativos de la economía en beneficio de la producción industrial y en perjuicio de los restantes sectores de la economía.

Su problema esencial como economista y como político es su desprecio por la eficiencia económica y la prioridad absoluta que le asigna a los intereses industriales y al objetivo distributivo. Durante su gestión se dio el puntapié inicial al asistencialismo distributivo que terminó explicando un crecimiento de 15 puntos del PBI del gasto publico y la presión tributaria.

LA CORRUPCION

Lavagna tiene el apoyo hoy de empresarios industriales y sindicalistas, lo que indica que se lo ve como un defensor del modelo proteccionista y sindical que nos ha condenado a la decadencia manifiesta desde 1945.

¿Pero por qué Lavagna promete además defender (por omisión al menos) la extendida corrupción de un sistema intervencionista, manifestada tan claramente por los cuadernos? Nunca me pareció una persona corrupta, aunque sí muy equivocada en su visión del modelo de país.

El modelo nacional y popular además de ser económicamente muy ineficiente, se presta con su discrecionalidad y falta de reglas de mercado, a un elevadísimo grado de corrupción sistémica.

Mi interpretación es que Lavagna cree ingenuamente que con personas idóneas y honestas como él se considera, se puede simultáneamente administrar la puja distributiva sin corrupción y crecer sostenidamente con la economía cerrada al comercio, con un sector público sobredimensionado y con ajustes marginales del modelo sindical.

El libro de Lavagna que recoge las memorias de su gestión como Ministro de Economía se llama Construyendo la Oportunidad. La oportunidad se refería a hacer sostenible, con su enfoque desarrollista, el modelo de país corporativo que caía repetidamente en crisis. Pero paradójicamente su gestión construyó la oportunidad para un nuevo ciclo de despilfarro populista.

No se le ocurrió que manteniendo el cierre de la economía, el corporativismo sindical y apoyando desde el inicio el asistencialismo de los planes, estaba validando y dejando la puerta abierta para el regreso del populismo, apenas se lograra superar la emergencia. Y así ocurrió. En noviembre de 2005, una vez cerrado el canje de deuda, fue despedido pues se oponía al populismo salarial que el matrimonio Kirchner creía necesario para garantizar su reelección secuencial eterna.

Mi visión es que hoy Lavagna vuelve a ser visto por nuestra dirigencia corporativa como el ingenuo útil capaz de hacer el trabajo ordenador de la economía, para permitirle a esa dirigencia volver impunemente a las andadas populistas cuando las condiciones lo permitan. Como dice un refrán, al infierno también se llega por un camino de buenas (pero equivocadas) intenciones.

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