Mi teléfono y yo

El uso excesivo de los smartphones se presenta como un problema propio de nuestros tiempos. Un fenómeno que hoy es cada vez más estudiado mientras las compañías que los producen buscan promover una utilización saludable de estos dispositivos que para muchos ya son una "extensión del propio cuerpo".

 

Menos amigos y más estrés. Estos parecen ser los resultados inevitables de usar de manera excesiva el teléfono móvil. Un problema este último cada vez más extendido y estudiado.

 

Ocurre que las crecientes utilidades que ofrecen estos dispositivos denominados "inteligentes" hacen que ya muchos sientan que "no puedan vivir sin ellos". Como despertador, en la mesa al comer, al viajar, antes de dormir, al hacer ejercicio y hasta en el baño. Hay personas que no logran depegarse de su teléfono.

 

"Aunque en un primer momento los smartphones fueron diseñados como herramientas que facilitan el contacto con otras personas y la relación con ellas, su uso compulsivo está derivando en consecuencias muy alejadas de esa idea inicial", advierte Antonio Hidalgo, profesor de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), y autor de un estudio publicado en la revista "Social Science Computer Review" en el que concluyeron que el uso excesivo del teléfono móvil se relaciona con más aislamiento social y mayores niveles de mala adaptación psicológica, problemas en el trabajo y conflictos con familiares y amigos.

 

"La adicción a los teléfonos inteligentes y el apoyo social se relacionan negativamente a lo largo del tiempo: a más adicción, menos apoyo social", detalla Hidalgo.

"A mayor adicción al teléfono móvil también aumentan los niveles de estrés psicológico de los usuarios. Aparecen consecuencias similares a las de otras adicciones, al producir una mala adaptación psicológica y un incremento de los problemas y los conflictos con familiares y amigos", explica Alberto Urueña, otro de los investigadores de la UPM que llevó adelante el estudio.

 

BUSQUEDA DE EQUILIBRIO

Advertidas por los peligros que implica esta tendencia a hacer un uso compulsivo del teléfono movil, las mismas empresas que los producen se han visto en la necesidad de tomar cartas en el asunto. Han surgido así aplicacionesque ayudan a limitar la utilización del smartphone, tests para medir cuál es el nivel de dependencia del móvil y campañas para promover el equilibrio saludable en su uso.

 

Tal es el caso de Motorola, que en 2017 dio a conocer los resultados de "The Life-Phone Balance Study" (El Estudio del Balance Vida-Teléfono), encargado por la compañía para entender el impacto de los smartphones en las relaciones, tanto con otros como con nosotros mismos y con el ambiente físico y social que nos rodea.

 

El trabajo de investigación fue diseñado por la doctora Nancy Etcoff, una experta en Conducta Mente-Cerebro y en Ciencia de la Felicidad de la Universidad de Harvard, y llevado adelante por la consultora de investigación de mercados Ipsos.

 

En opinión de Etcoff, quien es además psicóloga del departamento de Psiquiatría del Hospital General de Masachusets, "la relación con el smartphone es penetrante e intrusiva. Se ha convertido en una extensión de uno mismo. Los smartphones ponen el mundo en la palma de nuestras manos".

 

"Son una mina de oro de información y una fuente ilimitada de entretenimiento. Conectan a las personas en tiempo real con sus seres queridos, aunque estén lejos o cerca. Ayudan a las personas a que se hagan las cosas. Son un depósito de recuerdos personales. Están repletas de aplicaciones que aprenden lo que parecemos querer y nos lo ofrecen", afirma la investigadora en la introducción del estudio.

 

El trabajo abordó algunos de los principales puntos de preocupación vinculados con el uso del teléfono inteligente. "El primer punto de preocupación es involucrarse en conductas riesgosas. Casi un 30% de los participantes de esta encuesta admitió haber utilizado el teléfono cuando sabía que era peligroso hacerlo. Un 36% de las personas admitió enviar mensajes mientras conducía y 9% indicó que hacía esto "todo el tiempo" o "a menudo".

Las personas tienen la ilusión de que pueden prestar atención al camino al mismo tiempo en que siguen un hilo de conversación en el teléfono celular o leen un texto. De hecho, no pueden hacerlo y están triplicando las chances de no advertir lo inesperado", subraya Etcoff.

El segundo punto de preocupación, añade la experta de Harvard, es que la atención constante en el teléfono causa fricciones con nuestras relaciones más cercanas. "Y esto ocurre a pesar de que los lazos sociales cercanos han sido considerados vitales para la felicidad. A lo largo de la evolución, la supervivencia humana y la reproducción han dependido de estos lazos".

 

"A medida que los bebés maduran hacia la infancia y la adolescencia, las emociones sociales tales como la simpatía, empatía, culpa, vergüenza, envidia y orgullo trabajan para mantener nuestras relaciones intactas. Las personas adquieren así la habilidad de "leer" los pensamientos y sentimientos de otros", explica. 

 

Sin embargo, en el estudio The Phone-Life Balance, el 29% de los jóvenes de la generación Z (aquellos de entre 16 y 20 años) y el 34% de los millennials (de entre 21 y 37 años) admitió que sus discusiones con su pareja son a menudo debidas al uso del teléfono y el 43% de todos los encuestados reportó que sus amigos se han quejado por el uso que hacen de su teléfono. "Al priorizar el uso del teléfono, hacen que sus seres queridos se sientan infravalorados", remarca la investigadora.

 

"El tercer riesgo es que parecería que no podemos despegarnos de nuestro smartphone. Necesitamos recreos. Necesitamos poner los teléfonos en su lugar y determinar cuál es ese lugar a nivel individual y colectivo. La encuesta muestra que las personas chequean de manera compulsiva sus teléfonos, haciéndolo incluso durante casamientos o funerales y entrando en pánico cuando no lo encuentran", enfatiza.

 

No obstante, Etcoff matiza los potenciales riesgos al asegurar que para la gran mayoría de los usuarios de smartphones, las conductas problemáticas son solo eso: malos hábitos que se pueden superar con ayuda.

"Los pequeños cambios de conducta, el control del entorno y el mindfulness son herramientas útiles para este propósito, al igual que los esfuerzos que realizan las empresas de la industria de los smartphones. El amplio patrón social que revela esta encuesta llevada a cabo en varios países señala la necesidad del entendimiento y accionar colectivo", apunta.

 

EN DETALLE

El estudio diseñado por Etcoff examinó las repercusiones cognitivas, emocionales y conductuales que tiene el uso del smartphone en un total de 4.418 usuarios de smartphones de Brasil, Francia, India y Estados Unidos.

Los resultados permitieron conocer la relación que tienen con los teléfonos inteligentes las distintas generaciones: la generación Z, los millennials, la generación X (que tienen entre 38 y 53 años), y los baby boomers (personas de entre 54 y 65 años).

 

Así se identificaron tres grandes comportamientos problemáticos relacionados con los smartphones que afectan las relaciones con los demás y con uno mismo. El estudio mostró que las generaciones más jóvenes son más propensas a adoptar este tipo de comportamientos: 

* Revisión compulsiva: 49% reconoció que revisa su teléfono móvil con más frecuencia que la deseada y 44% admitió que no puede evitar revisar constantemente su smartphone.

* Tiempo excesivo dedicado al teléfono móvil: 35% admitió que dedica demasiado tiempo a su smartphone y 44% dijo que sería más feliz si usara menos su teléfono.

* Sobredependencia emocional: 65% admitió que siente "pánico" al pensar que han perdido su smartphone y 29% coincidió en que cuando no está utilizando su teléfono, está pensando en usarlo o pensando en la próxima vez que podrá usarlo.

 

Los resultados también revelan que los usuarios reconocen la necesidad de alcanzar un equilibrio en ese aspecto. El 33% de los encuestados afirmó que da prioridad a su smartphone sobre la interacción con sus seres queridos y el tiempo que pasan con ellos. En tanto que el 53% de los participantes de la generación Z confirmó que considera que su smartphone es su mejor amigo.
A pesar de todo esto, el 60% consideró que es importante tener una vida propia al margen de sus teléfonos.

 

EL DESAFIO

A partir de los resultados de este estudio, que se enmarca en la campaña Phone-Life Balance que lleva adelante Motorola, se estrenó el miércoles ultimo en Discovery Channel un programa especial titulado "The disconnected challenge" en el que se desafió a tres personas de Argentina, México y Brasil a vivir "desconectadas" de sus teléfonos durante dos días.

 

La emisión muestra cómo los participantes se enfrentan a momentos inesperados al tener que trabajar y desarrollar sus tareas cotidianas sin utilizar sus smartphones ni contar con conexión a internet.

 

"Algo que nos pasa a todos con el celular es que hemos dejado de ejercitar partes del cerebro que antes utilizábamos más frecuentemente, que tienen que ver con, por ejemplo, la orientación espacial y la navegación en el espacio", comenta Andrés Rieznik, doctor en Física y neurocientífico, quien a lo largo del programa aporta conceptos y conclusiones que ayudan a comprender las reacciones de los participantes durante su período de desconexión.

 

"Hay muchas cosas que actualmente no podemos hacer sin nuestros celulares, pero este experimento social también demuestra que el hecho de estar un tiempo desconectados de estos dispositivos nos permite reconectarnos con nuestro entorno y con las personas que nos rodean. La cuestión es llegar a un punto de equilibrio para no alejarnos de los beneficios que brinda el contacto interpersonal", continúa Rieznik, investigador del CONICET y profesor en la Universidad Torcuato Di Tella.

 

En una entrevista con La Prensa el neurocientífico admitió que si bien los teléfonos inteligentes modificaron numerosos aspectos de nuestro comportamiento y suele hablarse mucho sobre las cosas que van a cambiar las nuevas tecnologías, no se piensa demasiado en qué es lo que no va a cambiar.

 

"Una de las cosas que no cambiará -por ejemplo en la educación- es que para aprender se va a necesitar mucho foco, mucha concentración, mucho esfuerzo. No hay atajos para ser más inteligente, a pesar de que muchas aplicaciones de celulares se venden de esa forma", ejemplificó.


También se refirió a los teléfonos inteligentes como un "arma de doble filo", ya que a pesar de ser una fuente de distracción permanente esa misma capacidad de llamar la atención de los chicos puede ser muy útil. "Permite, por ejemplo, la personalización en la educación a través de los tutoriales inteligentes que van detectando la dificultad de cada chico y le presentan el aprendizaje en forma de juego", destacó.

 

Por otra parte, apuntó al hecho de que estos dispositivos hacen posible la medición continua "de la reputación y el lugar de cada uno en la jerarquía humana", generado por las redes sociales. Algo especialmente peligroso para los más jóvenes. "Los especialistas dicen que esto afecta más a las chicas que a los chicos porque ellos se ponen a jugar jueguitos mientras que las chicas enseguida se ponen a ver en redes sociales cuán divertida es la vida de la otra y eso provoca más comúnmente entre las mujeres un estado clínico de mucha ansiedad y depresión por no poder tener esa vida que tienen las otras instagramers", graficó.

 

Reznik coincidió con Etcoff en que el teléfono es muy claramente una extensión de nuestros sentidos y capacidades cognitivas y no dudó en plantear los nuevos interrogantes que traerán los próximos avances: ¿Qué pasará cuando Google pueda responder nuestras preguntas con solo pensarlas?, interpeló con fascinación.

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