Alberto, ¿garantía de qué?

Con más habilidad para sorprender que para acertar, Cristina busca garantizar la impunidad.

Alberto Fernández empezó la campaña por donde la debía empezar: Santa Cruz, la provincia de los Kirchner. De Néstor y, para el caso, ahora de Cristina.

En realidad, la había empezado hace una semana cuando logró motorizar en la Corte una insólita medida para frenar el primer juicio a Cristina por corrupción. Y también cuando amenazó por sus nombres a jueces que la investigan. Las dos cosas no se entienden sino a partir de lo que pasó el sábado y lo que pasó el sábado no se entiende sin lo que había pasado antes. Esto es: Alberto candidato a presidente de Cristina. El presidente que puede darle a Cristina la impunidad que ella necesita.

¿El peronismo va a acompañar este pacto? Una parte ya ha dicho que sí: los siete gobernadores a los que convencieron sin dificultad o con poca dificultad de que la corrupción no es motivo para no volver con Cristina. Enseguida levantaron la mano: están en campaña y necesitan a Cristina o no pelearse con Cristina para su propia elección. Encima algunos tienen internas con rivales que se refugian en Cristina. Alberto candidato les dio la excusa para realinearse.Ocultarán más que de costumbre lo que piensan.

El mismo Alberto tachó cosas que decía de Cristinay en las que decía que creía como que no tenía “ganas de que el poder esté en Uruguay y Juncal (el departamento de Cristina) y en la casa de Gobierno haya un títere... al que Cristina le prestó los votos, eso yo no lo quiero”. Ahora si no lo quiere, no le molesta. Tampoco el modelo que antes repudiaba y que usó Perón en el 73 para colocar 49 días a Héctor Cámpora en la Rosada. Dos cuestiones no anecdóticas: Perón estaba proscripto y no podía ser candidato. La otra: Cristina está acusada de encabezar una asociación ilícita.

Las llamadas para encuadrar a los gobernadores fueron no bien Cristina subió el sábado a las redes el video de la fórmula, cuando la mayoría estaba entre las sábanas. Hay razones judiciales y personales de igual o más peso que las políticas en ese medio renunciamiento: se reservó el sillón de vice que, si se mira la historia, siempre supo dar más de una sorpresa.

Entronizando a Fernández, Cristina apuró definiciones en Lavagna y Schiaretti y también los acercó a un espacio común. Schiaretti dijo que el peronismo federal irá sin alianzas con el kirchnerismo ni con el macrismo. Y algo muy parecido dijo Lavagna, que terminó de deshojar la margarita y anunció que será candidato. Los dos analizarán el nuevo escenario el miércoles con Urtubey y Pichetto, para quien Cristina “no se bajó, sigue siendo el poder y la centralidad está en su candidatura” y está usando los mismos métodos que usó con Boudou y después, como comisario político de Scioli, con Zannini.

Tanto como el Gobierno esperarán que Massa se defina. Massa piensa que ésta no es la fórmula definitiva. Apostó a que ella no sería candidata y ahora dice que se bajará en etapas. Las cosas suelen no ser como uno desea que sean. Los 10 puntos que Massa mide lo convierten en presa codiciada. Son los que precisa el peronismo para consolidarse y Cristina para ganar. Al lado de Cristina ¿Massa seguirá siendo el Massa de los 10 puntos?

Todo va muy rápido y hay especulaciones para todos los gustos. Las próximas semanas empezarán a dar señales de la eficacia o del fracaso del experimento. Cambiemos también tiene definiciones pendientes. De eso hablaron Peña, Vidal, Larreta y Frigerio. Y de eso se hablará en la convención radical, sacudida por la pérdida de las intendencias de Córdoba capital y de Santa Rosa. Si hay cambios será a partir de lo que la gente diga en la súper encuesta que ya han mandado a hacer en el Gobierno.

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