"Ni una menos", la estafa circular

09/06/2019

 En virtud de conseguir fondos, apoyos, soportes y altavoces el movimiento "Ni una menos" se ha dejado fagocitar e instrumentalizar por la política.

 

El pasado lunes, una nueva edición de la marcha Ni una menos sumó algunas particularidades a su espectáculo reivindicativo que, sostenido económica e ideológicamente desde el poder, sin embargo se pretende contracultural y renovador. Sabido es que todo poder político necesita de una épica para subsistir. Sorprendentemente, el movimiento Ni una menos ha sido muy amplio en brindar ese sustento de épica ideológica, tanto a partidos políticos de distinto tono opositores como oficialistas, nadie se ha quedado afuera.

 

Convertido en la cara impoluta del nuevo dogma moral, brinda, por una parte, a cualquier oposición los instrumentos para la victimización y ulterior reclamo y, por la otra parte, a cualquier oficialismo nuevas excusas para meterse en la vida de las personas. 

 

A ambos lados de la estructura de poder se convirtió en una auténtica carta blanca que según este dogma no deja ámbito estrictamente privado. Sus denuncias y reclamos van desde la violencia heteropatriarcal a la colonización de los pueblos originarios, pasando por los acuerdos con el FMI, las relaciones internacionales con Venezuela, las opiniones de Bolsonaro o el repudio a la estigmatización del sobrepeso; todo entra dentro del proceso político. Todo es un problema social, todo es culpa de todos, todo requiere intervención, planificación y control. Aquí una pequeña muestra: 

"...basta de violencia económica, sexista, racista y clasista contra las mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales, no binaries, gordes e intersex; de la clase trabajadora: ocupades, desocupades, precarizades, piqueteres y de la economía popular, visibilizando especialmente a las mujeres indígenas, originarias, afroargentinas y negras en pos de empezar a saldar la deuda histórica para con ellas y todas las identidades vulneradas por el capitalismo patriarcal y el modelo económico de Mauricio Macri y la alianza Cambiemos, sostenido por su gobierno y los gobiernos provinciales que precarizan nuestras vidas y profundizan todas las desigualdades y las opresiones".

 

DESPLIEGUE OBSCENO

Pero la edición 2019 ha sido un despliegue obsceno de agendas ideológicas que deberían ponernos a reflexionar respecto. 

Las protagonistas de la serie de Netflix: Orange is The New Black, en un evento de banalización infantil de lo que significó la lucha feminista desde la genial Hiparquía 300 años antes de nuestra era, pasando por la excepcional valentía de Mary Wollstonecraft en el siglo XVIII hasta llegar a los logros decisivos de siglos pasados como el derecho al sufragio o a la patria potestad de los hijos, hicieron un video de apoyo a la marcha. En el video de apoyo a las mujeres argentinas, las millonarias actrices, proceden a solidarizarse con las consignas anticapitalistas de la marcha (?). Y confundiendo realidad y ficción, vestidas como sus personajes, en un producto que contiene 90% de preeminencia femenina, coinciden en que las mujeres no acceden a los empleos de calidad (?). En el mensaje que parece destinado a mujeres sometidas por la sharia, rezan:

"Han sido tiempos difíciles para la igualdad de las mujeres... Levántense y manténganse firmes... Quiero que todas se paren y peleen. Que las reconozcan como debería ser. Luchen por lo que merecen, por la igualdad, el reconocimiento". 

 

REALIDAD PARALELA

¿De qué derechos desiguales hablan? ¿De dónde nos teníamos que levantar?. La metáfora de la caída es parte de la construcción de un relato que no resiste estadísticas ni datos, una realidad paralela. Mientras se difunde desde el movimiento Ni una menos una mitología en la que las mujeres se encuentran alienadas en la sociedad, obligadas a tareas indeseadas, oprimidas institucionalmente o en la vida cotidiana, se desconoce el valor de mujeres que a cotidiano alcanzan sus objetivos. 

 

Como el objetivo es la mirada colectiva politizada, se destrata el logro individual al que reservan sólo para una mísera élite privilegiada, el objetivo es dejar fuera a aquellas mujeres que deberían ser un referente, y a todas aquellas que, en una situación más adversa, consiguieron superar barreras ahora inexistentes gracias a aquellas luchas.

 

En virtud de conseguir fondos, apoyos, soportes y altavoces el movimiento Ni una menos se ha dejado fagocitar e instrumentalizar por la política. Y si el problema es político sólo serán aceptadas las soluciones colectivas. Las precursoras del movimiento elaboraron documentos que resultan claves para entender hasta dónde el movimiento Ni una menos es funcional al poder:

"Este 3 de Junio volvimos a tomar las calles, los barrios y las plazas para gritar ¡NiUnaMenos! Vivas, libres y desendeudadas nos queremos. Porque no estamos dispuestxs a soportar las violencias que imponen los disciplinamientos machistas, patriarcales, económicos, racistas y clasistas sobre los cuerpos y las vidas, una vez más miles de mujeres, lesbianas, trans, travestis, no binaries opusimos resistencia feminista contra las opresiones de un Estado que precariza hasta la asfixia y una Justicia misógina transfóbica, lesbofóbica y homofóbica que nos criminaliza y llena las cárceles de identidades vulneradas".

 

BRUTAL EMPEÑO

La organización muestra un brutal empeño en definiciones que identifican capitalismo con la violencia sexista aún cuando se pretende pluralista y universal, anclando las marchas a una ideología determinada. La adhesión ha de ser absoluta y colectiva, negando al individuo sujeto de gustos ideológicos diversos. A los efectos del reclamo original existen recursos insustanciales que sin embargo responden a una agenda apalancada tanto desde el oficialismo como desde la oposición como el lenguaje inclusivo, y las apelaciones al marco clasista o garantista.

 

No deja de ser significativo como se exige que se instaure un sistema de cuotas que nos permita acceder a puestos sin más mérito que la condición de mujer. Una autocondescendencia infringida por el movimiento Ni una menos que pone en manos de los poderes estatales la distribución de espacios, cuotas y subsidios. No existe libertad que rompa pactos y opresiones como las que denuncian si no existe en paralelo igualdad ante la ley. Con las leyes que implican un trato desigual en función del sexo, sólo llegaremos a una dependencia absoluta del poder político para realizarnos:

"Hoy logramos hacer cobijo colectivo en la intemperie. Rompimos los pactos de caballeros. Tejimos sentidos, nuevas alianzas. Hicimos sentir al mundo nuestro hartazgo. Queremos poder comer cada día de nuestras vidas, con trabajo digno; exigimos acceso igualitario a la educación y la salud con perspectiva de género". 

 

ABERRACION

Y si bien ya nos hemos acostumbrado a las aberraciones que sitúan a la mujer como símbolo de debilidad disfuncional que necesita tutela, es lacerante la apelación potentemente colectiva que determina que sólo podemos realizarnos bajo el paraguas institucional. Más vergonzante resulta reclamarle al patriarcado, al que culpan de todos los males, que solucione los problemas femeninos por la vía legislativa. 

 

Ha sido malo el diagnóstico de quienes avalaron este movimiento basados en la buena voluntad. Es constatable la instrumentalización de Ni una menos usada como una mera consigna adaptable a cualquier arena política. Es casi unánime la suscripción de la casta política a las consigna. Diputados y funcionarios del oficialismo hicieron alarde de los fondos dedicados a paliar los males que este dogma describe. Idénticamente se comportaron los políticos de la oposición culpando al oficialismo de aquellos males que el mismo dogma denuncia. ¿Cómo es posible tan flexible confusión?

 

Es vital comprender la estafa circular que consiste en convertir un reclamo en marketing, adecuarlo al consumo mediático, estetizarlo, ficcionalizarlo, hacerlo tendencia, colectivizarlo, monetizarlo y usarlo como presión política a fin de obtener fondos y subsidios de parte del poder para luego denunciar al poder y vuelta a empezar la rueda. Ni una menos terminó su versión 2019 convirtiéndose en una aberración proselitista totalmente alejada del reclamo que le dio origen. Pero la maquinaria que convierte la empatía en negocios para y por el Estado está vivita y coleando. Ya van a inventar algo nuevo.

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Please reload

© 2020 por "Aquí y Ahora Córdoba".