“El apoyo de la cultura a la democracia”,


Intelectuales K de carta Abierta, no respondieron a la cultura, respondieron a Cristina

La semana pasada se publicó en varios diarios y portales una carta firmada por personalidades del mundo de la cultura, la academia y de la ciencia.

Yo también participé de esta declaración pública, porque soy de la opinión de que en ciertas circunstancias graves o delicadas los escritores, los artistas, los pensadores no podemos ser meros testigos o simples narradores de los hechos.

Sino que, igual que los ciudadanos de a pie, porque eso somos, debemos pronunciarnos para defender las instituciones de la democracia y la república.

Entre los firmantes están Juan José Campanella, Graciela Fernández Meijide, Santiago Kovadloff, Luis Brandoni, Oscar Martínez, Marcelo Birmajer, Luis Alberto Romero, María Eugenia Estenssoro, Marcos Novaro, Andrés Malamud, Marcos Aguinis y Juan José Sebreli y más de 150 hombres y mujeres entre los que yo también sumé mi propia firma.

Esta declaración es importante, no sólo por el contenido, sino porque pone en evidencia la farsa que intentó imponer el kirchnerismo desde que Néstor Kirchner abandonó el poder y anunció que iba poner un café literario y fundó Carta Abierta, una agrupación que no pudo sobrevivir a la falta de fondos y la pérdida de la Biblioteca Nacional, el lugar que transformaron en una unidad básica en tiempos de Horacio González y los escritores que no se identificaban con ese grupo no podían contar con el privilegio de usar las instalaciones de la biblioteca para hacer reuniones.

Me quiero detener en un párrafo de declaración que dice:

“El gobierno de Mauricio Macri respetó la división de poderes y se abstuvo de utilizar las herramientas del Estado para fines partidarios. Un ejemplo de ello fue la gestión de los medios públicos, antes usina de propaganda oficial, ahora al servicio de todos los argentinos. De las cadenas nacionales y programas que denigraban opositores, pasamos a una relación respetuosa del pluralismo y de la privacidad de los ciudadanos. Este gobierno puso, en ese sentido, las cosas en su lugar”.

En efecto, el kirchnerismo se encargó con cierto éxito de generar la ilusión de que eso que genéricamente se llama “cultura” es patrimonio de ese lado de la grieta.

Hizo con la cultura exactamente lo mismo que hizo con todo lo que tocó: las organizaciones de DDHH, las instituciones religiosas, los colectivos que defienden las cuestiones de género, los medios públicos y privados, las editoriales, las escuelas, los colegios, los docentes, los sindicatos, etc., fueron todos quebrados y luego cooptados.

El kirchnerismo toma la tradición demagógica de Raúl Apold, el secretario de Medios, virtual ministro de propaganda de Perón, e igual que él se monta a horcajadas sobre la cultura para utilizarla como herramienta partidaria. Algunos ejemplos:

En 2013 Nicola Constantini, una importante artista plástica joven fue convocada por el gobierno kirchnerista para realizar una instalación sobre Evita en la bienal de Venecia, meca del arte contemporáneo, que ese año homenajeaba a la Argentina.

Pero a Cristina no le gusto el tono intimista de la obra y se tomó la libertad de intervenirla y agregaron videos y demás arengas propagandistas, convirtiendo el mensaje final en una oda al gobierno de Cristina. Insólito e inadmisible.

Durante el kirchnerismo, como en toda expresión autoritaria, se privilegió y se dió espacio a autores y artistas que ensalzaban el proyecto nacional y popular, rifaron los fondos, produjeron series y películas que nadie llegó a ver: lo importante era tener referentes culturales haciendo propaganda partidaria.

Pero, claro, además, detrás de todo esto, estaban los negocios personales: Andrea del Boca, Pablo Echarri, Florencia Peña y otros artistas militantes tuvieron sus productoras. Pablo Echarri dijo hace unos días que votaría a Cristina aunque se demostrara que robó. “Me decepcionaría”, dijo, pero igual votaría por ella.

Echarri habla como si fuese un simple espectador que no tiene idea de qué fue la corrupción kirchnerista. El señor Echarri vio todo desde adentro y participó activamente del kirchnerismo. No fue un espectador.

El vio todo e incluso, en ese tiempo tuvo una productora que se benefició con contratos con el kirchnerismo, con Julio de Vido. De qué se tendría que enterar si él estaba ahí. Tendría que explicar varias cosas. Él, a través de SAGAI, manejó miles de pesos y varios actores han denunciado supuestas irregularidades.

Él, a través de su productora, se benefició en forma personal. Mientras otros eran censurados en los medios públicos, mientras él era cómplice del descuartizamiento de sus colegas en 678, él contaba plata.

Decidí firmar esta carta porque en estas elecciones no se disputa sólo dos fórmulas presidenciales; en estas elecciones se dirime el destino del país, se elige entre la continuidad de la democracia y la vigencia de sus instituciones o la pérdida definitiva de la república.

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