Casualidades bien poco casuales

06/08/2019

El papa Francisco y el juez porteño Roberto Gallardo (Foto: Víctor Sokolowicz

 

 

Hay casualidades tan casuales que enseguida dejan de serlas. En las últimas horas surgieron varias, lo que tendría poco o más bien nada de casualidad porque tanta junta no podría ser muy casual.

- Primera casualidad. Empezó en Mendoza el juicio del morboso Caso Próvolo que involucra a varios curas y hasta a dos monjas acusados de abusar sexualmente de una veintena de chicos y adolescentes sordos confiados a sus manos para ser cuidados y enseñados.

 

El caso tiene repercusión internacional. Los abusos de sacerdotes católicos no son novedad. La novedad es que se los juzgue acá, donde la Iglesia siempre los ha tapado. El inculpado principal es el sacerdote italiano Nicola Corradi, de 83 años, que había sido denunciado como abusador serial en Verona, ciudad en la que el instituto Próvolo que depende del Vaticano tiene su sede central.

 

¿Y cómo actuó la Iglesia? Mandó a Corradi a la Argentina, donde siguió su espantosa seguidilla. Era comienzos de los 70 y era la práctica usual de la Iglesia: encubrir a los pedófilos trasladándolos de un lado al otro. Corradi estuvo en La Plata casi 20 años y fue otra vez denunciado. Nada: pasó a Mendoza con el cargo de director del Próvolo de Luján de Cuyo.

 

Por una denuncia, en 2016 la justicia mendocina ordenó el cierre del instituto y la prisión de Corradi y otros doce sospechosos. Algunas de las víctimas sólo pudieron contarlo con señas y no les creían. Doble vejación. El fiscal del caso dijo que buscó ayuda en la Iglesia. No la consiguió: “Se presentaron dos enviados del Vaticano y les pedimos información. Nunca contestaron”.

 

El juez Roberto Gallardo ha emitido varios fallos polémicos que terminan anulados por instancias superiores.

 

Horas antes de que empezara el juicio en Mendoza, el papa Francisco decidió pronunciarse sobre los abusos en general. Dijo que comprendía “el dolor” de los sacerdotes que “se sienten atacados y culpados por crímenes que no cometieron”. Y que la Iglesia trabaja “para garantizar que la cultura del abuso no tenga tiempo para desarrollarse, y mucho menos continuar”. El problema es que la cultura del abuso ya se desarrolló y produjo daños que no pueden repararse. En el Vaticano niegan que el mensaje del Papa y el juicio en Mendoza estén vinculados. O sea, pura casualidad.

- La teoría de la casualidad está extendida. Justo una semana antes de las elecciones, el inefable juez Gallardo decidió cerrar las actividades de las tres principales empresas de delivery de la Ciudad y ordenó a la policía que hiciera cumplir la medida.

 

Gallardo es un juez militante a la caza de espacio en los medios. Y lo ha conseguido a rolete con sentencias surrealistas, como la de prohibir “toda actividad comercial de baile con música en vivo o actividad grabada”.

 

Nada falta en los shows de Gallardo. Frenó una playa de estacionamiento, intervino al SAME, clausuró la Rural, prohibió encender el cartel de Coca Cola en el Obelisco, se metió en el Normal 1 y multó a Macri, su archienemigo. Hasta promulgó un subsidio mensual a hijos de los cartoneros, como si fuera un legislador.

Un clásico es que los fallos de Gallardo sean inmediatamente apelados y anulados. Pero esta vez con las apps de delivery no ha sido así. Y más allá de la búsqueda de protagonismo, en su fallo el juez prueba que estas empresas se cuelan por un resquicio legal para operar sin costos laborales en una actividad de riesgo para los motoqueros.

Dan trabajo a muchos sin trabajo pero no se lo dan de la manera como la legislación impone que se lo den. Hace falta una nueva regulación. Con los delivery no hay casualidad.

 

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