¿Sabrá Alberto Fernández que Cristina Kirchner nunca votó las leyes de emergencia económica?

19/12/2019

Tal vez alguien se pregunte, no sin cierta suspicacia, por qué la vicepresidenta Cristina Kirchner se sumió en el silencio más absoluto en medio de la vorágine de medidas de emergencia que el presidente Alberto Fernández anunció en los últimos días.

 

Los más memoriosos arriesgan una primera (y seguramente certera) respuesta: Cristina Kirchner ha sido, desde 2002, la más dura detractora de la delegación de facultades extraordinarias del Congreso al Poder Ejecutivo. Un mérito que, paradojas de la política, comparte con Elisa Carrió.

 

En efecto, como senadora Cristina Kirchner nunca apoyó la ley de emergencia y sus sucesivas prórrogas, pese a que se trataba de una herramienta clave para el entonces presidente Néstor Kirchner, su esposo. A la hora de votar, la primera dama y senadora dejaba oportunamente su banca vacía. Ella justificaría que se trataba de una cuestión de coherencia: después de todo, ella había rechazado en su momento la delegación de superpoderes al ministro de Economía Domingo Cavallo y no estaba dispuesta a hacer lo propio con el presidente Eduardo Duhalde, recién asumido en medio de la peor crisis económica y social de la historia argentina reciente. Así lo expuso en aquellos días frenéticos de principios de enero de 2002 en el recinto del Senado; su voto sería por la abstención.

 

"Milito en política desde hace mucho tiempo. Yo viví la Argentina de antes y de después del golpe, la de Sigaut que nos decía que el que apostara al dólar perdería. Viví la Argentina de 1989, la del golpe devaluatorio del 6 de febrero, en la que siempre se dijo -y quiero decirlo con todas las letras porque me hago cargo de lo que digo- que no todos los argentinos estaban ignorantes de que ese día se iba a variar el tipo de cambio e hicieron pingües ganancias. Después, los que perdieron se lo cobraron con el golpe de mercado. Yo no quiero dejar más mi vida y mi patrimonio y el del resto de los argentinos en manos de un funcionario que decida sobre estas cosas, porque ya sabemos cómo ha sido la historia -expuso la senadora Cristina Kirchner-. También podría decir que no colocar en manos de un funcionario los intereses que nosotros tenemos que representar y por los que tenemos que velar va a hacer también a la legitimidad de las instituciones."

 

La "coherencia" de la que ella se jactaba para no votar la ley de emergencia económica la puso, sin embargo, en un serio aprieto en las vísperas de su asunción como Presidenta, en diciembre de 2007. Como Néstor Kirchner en su momento, Cristina necesitaba que el Congreso le prorrogase una vez más la norma de 2002, pero se resistía a inaugurar su presidencia con una mácula que, sabía, la oposición le refregaría hasta el final de su mandato. El país crecía "a tasas chinas" y no había argumento que pudiese justificar la séptima prórroga consecutiva de la ley. Pero tal era la obsesión de Cristina que su tropa en el Congreso se vio obligada a protagonizar uno de los episodios más desopilantes que se rememoren.

 

La orden impartida desde la Casa Rosada era clara: la prórroga de la ley de emergencia económica debía aprobarse en ambas cámaras antes del 10 de diciembre para que sea Néstor Kirchner, y no su esposa y sucesora, quien la promulgara con su firma. Comenzaba el último mes del año y los tiempos apremiaban; para peor, todavía no había operado la renovación parlamentaria y el kirchnerismo, en minoría, estaba obligado a buscar aliados para alcanzar el quorum. El primer intento fracasó en el Senado: la oposición se negó a conceder los dos tercios para el quorum. Toda la responsabilidad recayó, entonces, sobre la Cámara de Diputados; con la espada de Damocles sobre su cabeza, Agustín Rossi, el jefe de los diputados kirchneristas, no lo dudó: hizo presentar en la Cámara baja un proyecto idéntico al del Senado e hizo jurar a las apuradas a tres diputados oficialistas -dos por Corrientes y uno por Salta- para reemplazar a quienes habían renunciado a sus mandatos para cumplir otras funciones en sus provincias.

 

Lo insólito del caso es que uno de los diputados reemplazantes, el correntino Pedro Ramón Vera, lo fue por sólo por seis días, porque su mandato vencía el 10 de diciembre. Peronista de toda la vida, Vera se enteró un día antes de que debía viajar de urgencia a Buenos Aires porque su voto era clave para aprobar la prórroga de la ley de emergencia económica. Así lo hizo. "Estoy feliz porque hice un esfuerzo, dejé mis cosas y cumplí con un deber cívico", dijo Vera, orgulloso, al regresar a su provincia.

 

El escándalo que estalló en el recinto de la Cámara de Diputados fue mayúsculo. Para peor, ni siquiera sirvió a la causa: el Senado, obligado por los tiempos legislativos, debió esperar una semana más para aprobar la media sanción de Diputados. Ya no había tiempo para que Néstor Kirchner promulgase la ley. El fracaso parlamentario enfureció al matrimonio presidencial; Rossi y Pichetto fueron convocados a la Casa Rosada, donde tronó el escarmiento. De todas maneras, Cristina Kirchner se salió con la suya: la flamante Presidenta dejó pasar los días para que la ley se promulgase de manera automática. Evitó estampar su firma, pero nunca podrá contradecir los archivos parlamentarios, ya que la ley de emergencia económica aparece en los anales como la primera norma que se sancionó en su gestión.

 

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