El peronismo: ¿la dictadura perfecta?

El Senado convirtió en ley el proyecto de emergencia económica propuesto por el presidente Alberto Fernández

 

Esta semana, una vez más, el peronismo logra una ley de emergencia en donde se rompe el equilibrio de poderes, el Presidente pasa a tener funciones que son del Congreso y se viola la Constitución que en su articulo 29 prohíbe taxativamente que el Congreso ceda facultades extraordinarias al Ejecutivo. La Argentina es el lugar donde se votan leyes que van en contra de la Constitución. Nada raro si recordamos que una ley de emergencia que se votó en 2001 duró 14 años en lo cuales gobernó el peronismo cuando la economía crecía y el precio internacional de los productos argentinos estaba altísimo. La emergencia del peronismo es siempre la de arrogarse poderes dictatoriales. Siempre encontrarán un motivo y siempre tendrán una cantidad de diputados y senadores que votarán lo que les ordenen sus jefes. Les encanta tener la suma del poder publico para gobernar sin controles y hacer florecer la corrupción desatada que es la única ideología que tienen.

 

A raíz de los acontecimientos me acordé de un hecho singular que sucedió en México en 1990. Era un encuentro de intelectuales europeos y latinoamericanos y se transmitía por TV. En un momento del debate se estaba discutiendo sobre las dictaduras y estaban, entre otros, los notables Mario Vargas Llosa, Enrique Krause y Octavio Paz. En ese momento se estaba produciendo una apertura en México luego de años de un poder hegemónico del PRI y Vargas Llosa elogia ese hecho pero dice que lo quiere poner a prueba y señala algo que, en mi opinión, podría equipararse, por la descripción de hechos puntuales, a mucho de lo que pasa en la Argentina con el peronismo. Lo pueden ver en YouTube completo, pero les resumo algunas de las cosas que menciona Vargas Llosa al momento de describir la situación del PRI en ese momento y cómo, analizando los hechos puntualmente, esas descripciones se pueden transpolar sin ningún problema a la Argentina y al peronismo.

 

Para sorpresa de muchos, Vargas Llosa comienza diciendo que no comprende por qué cuando se habla de dictaduras no se incluye a México; afirma que es “la dictadura perfecta” y la describe como una dictadura “camuflada”. Habla de la permanencia de un partido en el gobierno y que, en ese momento, Mexico podía no parecer una dictadura pero tenía las mismas características. Una de las características que describe es que el régimen había reclutado, sobornando por medio de conchabos y de prebendas, al medio intelectual. En otro pasaje acusa al PRI de haber utilizado a la revolución y a “la retórica demagógica” para eternizarse. Habla de cómo trataba de suprimir las críticas y que “había creado una retórica de izquierda que lo justifica” y lo define como un partido único que elige y financia opositores para tener una fachada democrática. Una “dictadura sui generis” que, al igual que las dictaduras tradicionales, fue incapaz de solucionar la justicia social y utilizó todas las herramientas para la corrupción. Habla de falsificaciones de tipo cultural como, por ejemplo, “la justificación de falsos artistas”. Al final de sus palabras Enrique Krause habla de “dictablanda” y Octavio Paz dice que es un “sistema hegemónico de un partido”.

 

Cualquiera de esas aseveraciones describen al peronismo y el kirchnerismo, que viene trabajando en estas y muchas otras perversiones hace mucho tiempo. De 36 años de democracia han estado en el gobierno 25. En la provincia de Buenos Aires, 28. En algunos de los lugares más pobres y donde la gente es más rehén de los políticos peronistas han estado en el poder los 36 años (Formosa, La Matanza, entre otros). La justicia social es el eslogan de los corruptos. La captación de artistas e intelectuales que han hecho ha sido una catástrofe cultural para el país de Borges, Piazzolla, Bioy Casares, Yupanqui y tantos otros. Nada hay más alejado del mundo de las ideas o del arte que el fanatismo. El dinero del peronismo lo logró: defienden lo indefendible y discriminan a todo el que piensa distinto. Nada que no hayan hecho los dictadores siempre. Habla de luchar contra el hambre la fuerza política que ha gobernado casi siempre y que el único hambre con el que terminaron fue el de ellos mismos, que hacen política a costa de los pobres. Y todo, hasta las burradas más grandes, lo justifican con una retórica de izquierda. Matar fiscales, perseguir a los que piensan distinto, perjudicar a los jubilados cambiándoles las reglas de juego, llenar el gobierno de familiares y muchas de las atrocidades que realizan son justificadas siempre a partir de un análisis de la historia que siempre lo hacen de acuerdo a su conveniencia y con un discurso progresista que les sirve tanto para justificar la corrupción como para cambiar la política frente a Venezuela y justificar muertes y torturas. Tal cual lo mencionaba Vargas Llosa respecto de Mexico en los 90, compran opositores para tener una fachada de democracia (y perjudicar a los rivales) y poder contar con ellos a la hora de votar contra el campo, los jubilados, la clase media y para otorgar facultades dictatoriales al Poder Ejecutivo. Ya el peronista Lavagna les puso a sus diputados a disposición y colocó a todo sus seguidores en cargos. La lucha contra el hambre y la solidaridad la empiezan siempre por ellos mismos.

 

Hasta tal punto son desfachatados que perjudican a millones de jubilados con el proyecto hablando de “solidaridad” y no tocan los regímenes de privilegio que son las jubilaciones millonarias. Así enviaron el proyecto y fue la oposición la que lo hizo notar. Lo retiraron y ahora dicen que las eliminarán en otro proyecto. Como se dice popularmente, se tiraron el lance a ver si pasaba. Hablan de solidaridad y nombran un gabinete enorme de 21 ministerios y 84 secretarías de Estado, lo que trae aparejado cientos de nombramientos para satisfacer a todos los sectores del peronismo. Nunca la austeridad ni la emergencia la aplican para ellos. La desopilante comisión contra el hambre que armaron podría empezar mirando un poco eso. La mala praxis de los políticos tiene mucho que ver con el hambre.

 

Ahora siguiendo el manual empezarán a presionar a los gobernadores radicales para que les hagan seguidismo. Lo harán por las buenas y por las no tan buenas. Con el rebenque del presupuesto. Hay que seguir eso con atención. El radicalismo se divide entre los que trabajaban con seriedad y otro sector que tiene síndrome de Estocolmo con el peronismo. Veremos cuál se impone. Si uno analiza la historia se puede encontrar con disparates institucionales como fue fijar el límite para el balotaje en el 45 por ciento en lugar del 50, como es en todo el mundo. Fue una jugada de Menem que sabía que el peronismo podía sacar el 45 muchas veces y pocas el 50. Fue en el 95 cuando se hizo la nueva Constitución y Alfonsín lo aprobó. Alberto Fernández es presidente gracias a eso. Si hubiese tenido que sacar más del 50 por ciento hubiese perdido en segunda vuelta. Menem lo hizo y Alfonsín lo avaló. Un desastre institucional. En la caída del gobierno de De la Rúa jugaron con Duhalde y fueron recompensados luego. Eran los tiempos de la devaluación sin red y la pesificación asimétrica donde se hicieron fortunas y dejaron en la pobreza a mucha gente. Y en 2007 fueron responsables directos del desastre yendo en formula con ellos (la formula fue CFK- Cobos). Un dato a seguir es que versión del radicalismo tendremos. Si un radicalismo que enfrente al régimen o un radicalismo geisha del peronismo.

El peronismo trabaja para sí mismo. Por eso quieren todo el poder y se arrogan facultades que nos les corresponden porque adoran ser totalitarios. El fascismo que se ve en las juras de funcionarios (juran por Evita, Néstor, Cristina, los 30 mil desaparecidos y cualquier disparate que se pueda imaginar) marca una estupidez suprema y un gran desprecio por los que no integran su secta. Manipulan la historia. Les piden solidaridad a jubilados que aportaron toda su vida y ellos no hacen ni un gesto de austeridad y arrancan con un impuestazo que complicará mas la vida de los que trabajan. El fraude ideológico en su esplendor aplaudido por los progresistas de cartón. La dictadura perfecta.

 

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