Terminó la saga bonaerense. Kicillof por el piso. Ni default ni rescate: los costos para Axel Kicill

El gobernador de la Provincia de Buenos Aires no pudo alcanzar la mayoría para diferir un vencimiento pese a haber “endulzado” la propuesta y ofrecido múltiples prórrogas.

No faltaron ni concesiones ni aplazamientos como para tratar de persuadir a los acreedores, pero no le alcanzaron a Axel Kicillof​. El fondo Fidelity, principal tenedor del bono bonaerense con el que se negoció hasta último momento, bajó el pulgar.

Y el gobernador de la Provincia de Buenos Aires quedó parado en el escenario más temido: no alcanzó la mayoría del 75% que necesitaba para poder estirar hasta el 1 de mayo el pago de este título, el BP21, que vencía el 26 de enero.

El margen de maniobra se estrechaba al máximo: Kicillof tenía apenas un día -hasta el miércoles que vencía el período de gracia- para decidir: defaultear o pagar. Decidió pagar y hacerlo con recursos propios para evitar una cesación de pagos.

La situación tiene, desde ya, un costo muy pesado. Un costo de credibilidad para el gobernador que no pudo torcer el brazo de sus acreedores a pesar de haberles ofrecido dos "endulzantes" para digerir la oferta: primero el pago adelantado de intereses corridos hasta mayo y después un 30% del capital que vencía. Y un costo derivado de tener que dar marcha atrás desde su dura postura original: no se puede pagar.

Claro que un default hubiera tenido un costo palpable y oneroso: abría la puerta al "cross-default", esto es, que los tenedores de cualquier título emitido por la Provincia puedan pedir lo que en la jerga se llama la "aceleración" (pago completo) de su bono, aunque se esté pagando en tiempo y forma. Es una cláusula que requiere una mayoría de sólo 25% y de activarse, podría extender el default a toda la deuda.

Y finalmente, por supuesto, hubiera tenido un costo para la Nación, que busca llevar adelante sus negociaciones de "buena fe". Aún cuando Kicillof tuvo gestos que muchos de sus acreedores leyeron como de "buena voluntad", el default genera ruido, puede golpear a los bonos soberanos hasta hundirlos a precio de default, algo que enseguida huelen los fondos buitres, y dilataría probablemente los tiempos de una negociación que necesita ser lo más expeditiva posible, con vencimientos que se vienen encima.

Pero la Provincia, al anunciar el inicio de su reestructuración, no pudo ganar tiempo para acoplarse a los tiempos de la reestructuración de la Nación, que era la vocación original. Sobre todo, cuando la Nación está obligada a cerrar un acuerdo contrarreloj con un cronograma apretado y difícilmente ejecutable, especialmente con la reputación que nos precede.

La opción elegida fue pagar. Después de haber iniciado su negociación con una declaración tajante de no tener los recursos para hacerlo, Kicillof pondrá el dinero sobre la mesa con el costo reputacional que acarrea para él como negociador.

No sólo sienta un mal precedente para el tire y afloje que deberá enfrentar la Provincia en su reestructuración sino que también salpica a la Nación, restándole credibilidad a cualquier amenaza que deba emplear.

Pero el costo también hubiera sido muy alto si finalmente hubiera habido un auxilio de la Nación, que negó de forma contundente la posibilidad de un rescate. Por eso el mercado especulaba con un crédito puente de varios bancos o alguna solución de último momento.

Un default por una cifra tan irrisoria como US$ 250 millones era algo difícil de procesar. Pero nadie esperaba, ni siquiera después de ablandar tanto su postura, que Kicillof terminara sacando la plata de su bolsillo. El gobernador bonaerense no podría haber salido peor parado. Y no le hizo ningún favor a la Nación.

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