El fracaso del Estado peronista y los síntomas de tentaciones hegemónicas

 

 

En una recomendable entrevista en Infobae, el científico Pablo Goldschmidt da un ejemplo, a propósito de la situación sanitaria del mundo: “En Alemania hay 6 veces más respiradores que en Italia y 10 veces menos muertos por la misma patología”. Esta simple explicación me lleva a pensar en el estrepitoso fracaso del Estado en la Argentina y la confusión acerca de la idea de “Estado presente” que tanto excita a los peronistas. El ejemplo de Alemania explica que una parte de los recursos se usaron correctamente. La crisis (y el temor) de los gobernantes en Argentina pasa por la situación en todo el país y, en especial, en zonas del Conurbano como La Matanza. Esas zonas han sido históricamente gobernadas por el peronismo y se encuentran en una provincia que, desde 1983, ha sido gobernada por ese mismo partido, salvo en dos períodos (Armendáriz y Vidal). Cafiero, Duhalde (dos periodos), Ruckauf, Solá y Scioli (dos períodos) gobernaron la provincia. Ahora está al frente Kicillof. En lugares como La Matanza han estado incesantemente desde la vuelta de la democracia en el año 83. En algunos casos, han estado, como ahora, enrocándose en cargos en ambas jurisdicciones (Magario fue intendente de La Matanza y ahora es vicegobernadora de la provincia). El peso electoral de esa parte del país es lo que hace que el peronismo gane las elecciones presidenciales. Es la gran creación del estado peronista: un lugar pobrísimo donde hoy se denuncia que hay 40 camas de terapia intensiva para más de dos millones de personas y donde la mayoría de la gente vive en condiciones deplorables.

 

En general cuando alguien escribe estas cosas sufre la crítica descarnada de sectores peronistas. Es muy curioso porque en este tipo de descripciones lo que se hace es sólo relatar la historia. Enumerar hechos es insoportable para los que apelan a dogmas o defienden el aparato político que les permite a tantos obtener ventajas a costa de la vida y la pobreza de millones.

 

En su propia ensoñación del “Estado presente” los tuvimos a todos vanagloriándose hace unos días hablando de que Aerolíneas Argentinas iba a rescatar a los argentinos varados en el exterior. Pocos días se necesitaron para comprobar lo que muchos pensábamos: eso no iba a ocurrir. De los 30 mil argentinos varados en el exterior, sólo unos 10 mil volvieron por Aerolíneas. El déficit de esa empresa desde 2008 es de 6.000 millones de dólares. El Estado que tiene 40 camas de terapia intensiva para casi 2 millones de personas dilapidó una cifra con la que se podrían haber construido una cantidad impresionante de hospitales altamente equipados. También se podría haber usado en capacitación. El Estado que tanto enorgullece a los peronistas es una estafa y se cuenta en vidas humanas.

 

Es hora de mirar el pasado porque luego del coronavirus el panorama económico será negro. Esta semana el presidente Fernández dijo que elegía la salud por sobre la economía. Esa dicotomía es falsa. Justamente lo que se ve cuando se analizan cifras es que las pésimas decisiones económicas del Estado argentino son las que conspiran contra la salud y el bienestar de los argentinos. Cuando Argentina expropió el 51 por ciento de YPF que estaba en manos de Repsol pagó 5.000 millones de dólares en compensación a esa empresa. Hoy, el valor del 100 por ciento de YPF está en el orden de los 3.000 millones de dólares de acuerdo a su valor bursátil. Ese negocio ruinoso lo refrendó el ministro de economía de ese momento: Axel Kicillof. Es el mismo que ahora tiene que gestionar la zona más pobre y con menos cobertura sanitaria. Calculen cuántos respiradores se podrían haber comprado con el dinero de esa expropiación absurda. Fue la fuerza política que representa el Presidente la que tomó esa decisión donde se ve claramente que la economía atentó contra la salud y contra la vida de los argentinos. Ahora no eligen la salud por sobre la economía. Sólo podrán achicar los daños de muchísimos años de decisiones equivocadas. La crisis es enorme y las consecuencias serán tremendas. La colaboración entre las administraciones y las fuerzas políticas debe ser fluida. Cualquier intención de manipular la historia debe ser rechazada. Asimismo, la política tendría que estar pensando en la gran decisión: si va a seguir con un Estado clientelista y malgastador o si va a tener un Estado útil que cuide la vida y la propiedad de los ciudadanos. Que ayude, además, a los que generan riqueza en lugar de perseguirlos. Los políticos deben pensar en el presente y en el futuro para estar a la altura de las circunstancias. La cantidad de ejemplos que se pueden dar como el de Aerolíneas o el de YPF es infinita. El dinero que se viene despilfarrando es incalculable. Los millonarios que acumula el peronismo dan vergüenza ajena.

 

En nada ayudan entrevistas como la que le hicieron al Presidente en la Televisión Pública. Rosario Lufrano (hoy funcionaria nombrada por el Presidente) no deja que los periodistas pregunten y usa su autoridad para hacer preguntas en tono “oficialismo bobalicón” en un canal que pagan todos los Argentinos (y que muy pocos miran). Con lo que cuesta ese canal también se podrían comprar muchas camas de terapia intensiva. Esos ejercicios de estalinismo pueblerino nos recuerdan a muchos cuánto cuesta mantener ese canal en un país pobre. También nos recuerdan episodios históricos de manipulación de los medios públicos. ¡Cuánto ganarían evitándose esos papelones!

 

La democracia no es imposición ni manipulación. Es la sumatoria de la voluntad de todos los ciudadanos. Si se van a comportar como secta no podemos dejar de señalarlo.

 

El presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, acaba de disponer bajas salariales entre los funcionarios públicos y políticos. Lacalle Pou es un “neoliberal”, según el zombie progresista promedio. Sería interesante que los que tanto hablan de “pueblo” imiten esa conducta. La gente que tiene pequeñas empresas o emprendimientos no puede trabajar en este momento. Sería bueno que se sientan acompañados en el esfuerzo. Son los que pagan impuestos para mantener un Estado que les da muy poco y les quita mucho.

 

El momento debe ser de colaboración sumado a observación. El acompañamiento político ante una crisis no puede ser un cheque en blanco. Es en las crisis donde los autoritarismos muchas veces crecen. El proyecto de los médicos cubanos está en esa línea. Es imposible no relacionar eso con la ideología de quienes gobiernan. La exportación de los médicos cubanos es sólo beneficiosa para la dictadura cubana. Muchos papelones hubo ya con esa metodología en Latinoamérica como para no ponerlo en observación. El kirchnerismo muestra, una vez más, que aun en los malos momentos privilegia su agenda antes que la búsqueda de soluciones reales y duraderas. Tampoco es buen síntoma que en provincias como Mendoza no puedan disponer de insumos hospitalarios que habían comprado por una centralización del gobierno nacional. El Gobierno debe vertebrar con todos respetando siempre la institucionalidad y el federalismo. El gobierno nacional ya tiene demasiadas funciones delegadas desde antes de esta crisis. Es importante que la oposición controle y acompañe. Creo, además, que el Congreso debería estar en pleno funcionamiento: no hay cuarentena para las instituciones.

 

La politiquería barata de gente como Marcelo Sain acusando a los “chetos” porque viajan describe perfectamente a muchos kirchneristas. Esa es la síntesis entre la violencia y la idiotez. Además, se les hace imposible esconder la impunidad, ya que la más notoria viajera en tiempos de cuarentena fue CFK, que sigue confirmando que su idea de estar en el gobierno es buscar cambiar su situación judicial y sumarle poder a su grupo. Ni una idea respecto de la crisis actual. Los ciudadanos viajan por placer, por trabajo o por cuestiones familiares. Es su voluntad y nadie debe estigmatizarlos por eso; muchísimo menos un funcionario público. Lo que se percibe es un ataque a la clase media en esos dichos. Sain debería pensar en el dinero que falta por la corrupción K más que en los argentinos que trabajan y viajan. Ese dinero robado equivale a muchos respiradores que hoy no están. Por otro lado, la sobreactuación del Presidente tildando de “idiota” a un ciudadano que cometió una infracción se inscribe en esa lógica divisoria y violenta. Los presidentes serios no comentan las infracciones de los ciudadanos. Es autoritario. Alberto Fernández fue un cínico siempre. Fue nacionalista, alfonsinista, menemista, muy seguidor de Domingo Cavallo, kirchnerista, anti-cristinista y cristinista. Debe decidir si su siguiente mutación será la que mostró delante de periodistas obsecuentes o si puede ser algo mejor que eso. El oficialismo y la oposición deben entender que el coronavirus y el desastre económico exigen moderación, inteligencia y firmeza. El espíritu crítico y las opiniones libres aportan más que el seguidismo bobo. La historia da muchos ejemplos de eso. Deben, por todos los medios, evitar cualquier tentación hegemónica. Hay mucho en juego.

 

 

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