No queda claro si se busca evitar o justificar el default

 

Hasta el momento, la estrategia del ministro Martín Guzmán no ha dado resultado para evitar el default. Intentó evitarlo y no pudo finalmente con la deuda en dólares bajo ley argentina, la deuda en pesos quedó como que a veces se paga y a veces no, y la última etapa, el default  con acreedores bajo ley extranjera, se define en las próximas semanas con final incierto.

El ministro insistió ayer con el argumento que viene presentando desde el primer día: Argentina sólo puede firmar lo que puede pagar, ni un dólar más. Y básicamente no puede alcanzar lo que piden los acreedores, porque la decisión política es no hacer ajuste fiscal, supuestamente para proteger a los argentinos.

 

Remarcó entonces que no se puede mejorar la oferta presentada la semana pasada, que efectivamente nunca hubo acuerdo con los bonistas en las reuniones que mantuvo, y que ahora la decisión queda en manos de los acreedores. De paso, se anunció que el cupón de u$s 500 millones que cae esta semana no se va a pagar, con lo cual queda tiempo hasta el 22 de mayo para acordar o ir a juicio.

 

Algo más. Guzmán repitió ayer la teoría del default virtual que presentó Alberto Fernández al anunciar la oferta ante los Gobernadores. Para el Ministro, entonces, el país ya está en cesación de pagos. La responsabilidad política le corresponde a la administración Mauricio Macri (siempre lo mismo).

Que ahora se materialice o se evite, depende solo de los bonistas, de si aceptan o no aceptan el canje ofrecido. Ya dejó de pagar Argentina la deuda en dólares bajo ley nacional, avisa que tampoco va a pagar el cupón ley extranjera.

 

El argumento del default virtual es relativo. Es cierto que la administración Macri defaulteó la deuda en pesos y anunció la reestructuración de compromisos en dólares insostenibles. Pero el equipo económico de Alberto Fernández, en cuatro meses, o más de siete meses desde que ganó las elecciones PASO no logró recomponer la confianza, más bien lo contrario.

 

Los pagos que se vinieron realizando en el último cuatrimestre revelan que se intentó evitar el default. Si ya estábamos en cesación de pagos virtual, para qué se gastaron entonces casi u$s 5000 millones de las reservas.

Este último argumento, haber pagado hasta ahora, se presenta entre quienes opinan que al filo de la definición, Argentina no se va arrojar por el precipicio y que va mejorar la oferta para arreglar. Argumentan también que no se necesita mucho para acordar, ni comprometer fuertes sumas durante el actual mandato presidencial. Y que siempre la decisión política del Presidente fue evitar el default. Alberto no es Cristina.

 

La pregunta entonces es por qué el Presidente lo contrató a Martin Guzmán, tal vez el menos indicado para tratar de arreglar con los acreedores. Por algo no está ni Martín Redrado, ni Miguel Peirano, ni Guillermo Nielsen ni Marco Lavagna al frente de la conducción económica. Elegir a Guzmán es respaldar el dogma de Joseph Stiglitz, para quien la solución de los países endeudados es prácticamente no pagar nada, teoría que hasta el momento viene siendo fuertemente rechazado en Wall Street.

 

No es casual que el ministro haya recibido siempre el respaldo del Instituto Patria. Stiglitz siempre respaldó la determinación de Cristina de no acordar con los holdouts. Es preferible el default que acordar, si los términos del acuerdo suponen algún esfuerzo fiscal para el deudor.

 

De allí que a pesar de las primeras impresiones optimistas tras la presentación de la propuesta argentina para el canje de deuda, la ratificación del Dogma de Stiglitz ayer derrumbó las expectativas. Cierto también, en un mundo enloquecido por el coronavirus con el desplome histórico del petróleo que pone un signo de interrogación fuertísimo y muy profundo sobre el futuro valor de los bienes y servicios en el mundo durante y después de la pandemia, sin saber cómo seguirán actuando los cada vez más aterrados consumidores.

 

Los números hablan por sí solos. Como los mercados creen que los nuevos bonos que ofrece Argentina cotizarán en el futuro entre 28% y 33% de su valor, y además se les ofrece cobrar nada durante tres años, advierten que no hay incentivo para aceptar el canje.

Tienen bonos que hoy cotizan a 30% e igual no van a cobrar nada por tres años; qué sentido tiene aceptar otros títulos que valen lo mismo que lo que tienen. Pueden litigar en Nueva York, y durante los años que tramita el juicio se les va acumulando el capital y los intereses originales. Esperar tres años sin cobrar en un juzgado conviene más que esperar tres años sin cobrar con bonos nuevos cuyo valor presente ya significa una quita entre 65% y 70%.

 

Para el Palacio de Hacienda, los futuros bonos de la oferta Argentina valen entre 40% y 45%. Consideran que la tasa de descuento para Argentina debería ser inferior a 9%. En los mercados creen otra cosa: entre 12% y 14%. Un bono de empresas multinacionales hoy rinde hoy 14%. Por qué Argentina debería ofrecer menos. ¿Cree el Gobierno que el riesgo país caería a 700 u 800 puntos?

 

Los mercados empiezan a sospechar que la oferta de Martín Guzmán, si no se modifica, fue finalmente presentada para justificar el default. Significaría un nuevo paso del presidente Fernández en el camino de acercarse económicamente a su mentora Cristina. Más cepo cambiario, más brecha, mayores controles de precios y de comercio exterior, una economía cerrada y sin crédito, ausencia de inversiones privadas.

 

Solo le falta a Alberto caer en default. Seguirla a Cristina Kirchner. Tomar la decisión política de enfrentar a los acreedores. Igual que en 2014 contra los holdouts, con menos agresiones por ahora y sin tanta cadena nacional. Pero el mismo camino. Hasta con el mismo elenco: si una revisa el equipo económico del Presidente, son prácticamente todos los que estaban con Cristina.

 

Sin tanta confrontación política, definitivamente. Tal vez, la ventaja del liderazgo que da la pandemia. No hay mayores objeciones en la oposición respecto del manejo sanitario del Gobierno en la crisis. Tampoco en la gestión económica. Malvinizar la crisis en la Argentina siempre da resultados.

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