Sorprendentes resultados de una investigación sobre el robo más grande en la historia del boxeo mundial

Mañana se celebrará el “Día del Boxeador” en homenaje a Luis Ángel Firpo quien hace 97 años sacó del ring con un derechazo a Jack Dempsey. El norteamericano fue ayudado por el público para retomar el combate 17 segundos después. ¿Por qué lo dejaron continuar? ¿Por qué Firpo no debía ganar?

El momento exacto en el que Firpo saca del ring a Dempsey (Foto: Reuteres)

 

 

Tenía un rostro pétreo, hexagonal y severo, pero su mirada taciturna guardaba cierta ternura.

Nadie pudo explicar por qué razón Luis Ángel Firpo se hizo boxeador pero sí se sabe que desde 1923 es el deportista extranjero de época más conocido en los Estados Unidos. Tanto es así que su epopeya fue referida por presidentes, periodistas –aún en sus crónicas de hoy– escritores, guionistas, cómics y directores cinematográficos.

Richard Nixon lo mencionó en una arenga de campaña en 1967 frente a sus partidarios diciéndoles: “Miren a la calle, ahí abajo todavía hay gente que cree que Firpo ganó…”. Fue varias veces protagonista de Los Simpson y sobre él escribió Julio Cortázar: “15 millones de argentinos fueron robados…”, en alusión a la pelea más famosa del boxeo mundial, la de Firpo contra Dempsey el 14 de septiembre de 1923 en el Polo Grounds de Nueva York ante más de 85.000 personas.

 

Fue aquella noche eternizada la que puso frente a frente al más ilustre campeón del mundo de peso pesado de entonces Jack Dempsey, un orgullo norteamericano, ante este silencioso gigante noble de 1.89M y 103 kilos que había nacido en la casa de la calle Lavalle 215 de la ciudad de Junín, en la Provincia de Buenos Aires.

Luis Ángel a diferencia de sus tres hermanos (Serafina, Alfredo y Juan tras cuyo nacimiento murió su madre) creó su propio duende. Fue su padre –Agustín– quien debió traerlo a la Capital a los 4 años por una afección en los oídos. Y en la ciudad realizó varios trabajos tales como ayudante en un restaurante, cadete en una farmacia, vendedor en la zapatería Bazzani, todo cerca de Boedo lo que explicaba su amor por San Lorenzo.

 

Fue así que trabajando en la fábrica de ladrillos refractarios de Félix Bunge descubrió el poder de sus puños pues noqueó sin esfuerzo a dos ladrones que intentaban huir con el dinero de la recaudación robada. Mientras esto ocurría, el tercer delincuente se profugaba corriendo despavorido al ver a sus compinches noqueados en la vereda tras haber recibido un solo golpe de aquel niño silencioso con puños de acero y manos de gigante. No fue la única anécdota pues una vez al llegar a su casa –ya mudado a Villa Crespo– advirtió como alguien increpaba duramente a su padre. Sin mediar palabra alguna Firpo, quien solo tenía 12 años, lo tomó con una mano desde la parte trasera del cuello y con la otra a la altura del cinturón de tal manera que una vez que lo tuvo bien afirmado lo arrojó por el aire cual pesado objeto haciéndolo pasar por encima de la verja de la casa.

Sorprendido por tanta fuerza y vitalidad Don Félix Bunge –tradicional familia– le aconsejó que se hiciera boxeador. En esa época no resultaba fácil toda vez que la organización del boxeo profesional era clandestina como la riña de gallos. Tampoco había profesores en los clubes barriales y solo se admitía la práctica amateur. Pero un grupo de amigos se pusieron de acuerdo para apoyar a ese muchachito de anestésica pegada: Bunge le dio permiso para entrenar reconociéndole el sueldo de la fábrica, Carlos Mazzola se hizo cargo de las cuotas del exclusivo International Boxing Club de Sarmiento y Libertad al tiempo que José Martínez sería su primer instructor. El boxeo como el tango aún eran marginales y solo lo practicaban los hombres pudientes en clubes de clase.

 

El día que Firpo daba la prueba de suficiencia para lograr la licencia frente al liviano uruguayo Armando Usher en 1919, su ilustre e inimaginado rival Jack Dempsey ya era campeón del mundo con 42 combates encima y una sola derrota –ante Willie Neehan– por puntos. Además Dempsey también era una celebridad para los norteamericanos pues le había ganado la corona a Jess Williard después de haberlo tirado siete veces en el primer round y su imagen era la de un boxeador invencible y blanco… Parecía demasiado para un Firpo de menores condiciones técnicas.

 

El Polo Grounds fue un espacio ecuménico que permitió perpetuar el hecho hasta ser leyenda y hoy a 97 años de ocurrido se ha transformado en mito.

Todos estaban allí: buenos y malos, ricos y pobres, nobles y plebeyos, intelectuales e inmigrantes.

 

Podía verse en la fila 2 al presidente de los Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt junto al famoso editor húngaro-norteamericano Joseph Pulitzer –inspirador del prestigioso premio anual– y al banquero John Pierpont Morgan –fundador del JPMorgan– mientras que en el sector opuesto bajo el mismo titilar de las estrellas estaban Vito Genovese y Lucky Luciano –dos de los jefes de las familias mafiosas de Nueva York– invitados por el financista del crimen organizado Arnold The Brain (“El cerebro”) Rothstein quien compró 200 plateas para regalarle a los tenebrosos miembros de las bandas.

 

Mientras tanto en Buenos Aires la gente se había agolpado frente al diario La Prensa y también en el pasaje Barolo, ambos en la Av. de Mayo, desde donde una radio inmensa y milagrosa iría trasmitiendo la pelea. La expectativa era enorme tanto allí, en Nueva York como aquí en la Argentina.

 

Fue así que mientras el Polo Grounds enmudeció cuando Firpo tiró a Dempsey de un derechazo a la sien y su cuerpo salió volado desde el ring hacia el sector de la prensa, sirenas y gritos de júbilo daban por hecho el triunfo del Toro Salvaje de las Pampas (“Bull of the Pampas”) tal como lo había bautizado el periodista Damon Runyon.

Sin embargo no fue así pues Dempsey, quien permaneció 17 segundos fuera del cuadrilátero y había perdido el combate por K.O., pegó con su nuca en la maquina Underwood del periodista Jack Lawrance y entre el primer impulso de éste y de otros espectadores espontáneos Jack regresó al cuadrilátero para continuar el match.

 

El referí Jack Gallaher, insólitamente como si estuviese bajo presión, se lo permitió. Y unos años más tarde después de ser sancionado ya sin más amigos, ni protección ni consuelo, se dejó morir de un tiro en la sien.

Tuve la dicha de ir varias veces al Jack Dempsey’s Restaurant que quedaba en la Broadway entre las calles 49 y 50 de Manhattan. Una vez fui con Tito Lectoure y en otra oportunidad acompañé a Ringo Bonavena antes de su combate ante Floyd Patterson. La gente le pedía autógrafos y hasta había un fotógrafo que les sacaba fotos junto a Jack con un fondo de pósters y cuadros vinculados a su trayectoria. Sobre la pelea con Firpo había cerca de diez muestras pero ninguna de cuando el cross de derecha a la mandíbula lo expulsó desde el ring a la platea.

 

Una vez recogí su testimonio para la revista El Gráfico sobre esa caída por 17 segundos y la revista publicó su respuesta de esta manera:

"… Más tarde, aún durante el primer round, recuerdo vagamente haber sido apretado contra las cuerdas por ese ejército de Firpos. Estaba desesperado porque no sabía a cuál pegarle cuando volví a ver claramente por otro par de segundos. Metí otro golpe en el mentón de Firpo y volvió a caer. Así tres veces más, según me dijo mi entrenador Jack Kearns después, porque yo ni me las acordaba. Sin embargo, tengo bien claro la trompada de Firpo que pasó zumbando mi oreja y que me recostó en las sogas; y recuerdo a la perfección el pechazo involuntario de Luis Ángel con ese envión, que me sacó afuera del ring, y que luego convertirían a esta pelea en una leyenda del boxeo. Esos segundos fueron una odisea para mí: caí planchado sobre la máquina de escribir del periodista Jack Lawrence, y me lastimé la espalda en la caída. Un golpe que tuvo bastantes malos efectos en mi vida posterior y que todavía siento en la columna durante los días fríos. De cualquier manera, el golpe de la máquina de Lawrence me despertó lo necesario para gritar a los periodistas de esa hilera: ‘Métanme dentro del ring, por favor... Métanme allí que lo mato a ese desgraciado...’

 

"Unas manos anónimas, entre las cuales seguro que estaban las de mi amigo Jack Lawrence, me volvieron a meter dentro del ring, salvando así sin querer la corona mundial para los Estados Unidos. No puedo decir si el referí contó nueve o más de nueve, o si realmente cabía descalificarme al caer fuera del ring. Estaba muy groggy para establecerlo en ese momento. Pero sí puedo decir que una oleada de furia roja me invadió la cara cuando el referí nos volvió a juntar al centro del ring.

 

"Firpo se me tiró descontroladamente pensando que yo todavía estaba mareado, pero lo paré con la derecha y le entré con la izquierda, dejándolo chato como un panqueque en su séptima caída del primer round. Volví a ver un regimiento de Firpos en la lona y en mis oídos resonaban los gritos y vitoreos de una multitud que parecían rebotar desde algún eco lejano.

"No recuerdo cómo hice para llegar a mi rincón cuando sonó la campana del primer round. Me despertaron los cachetazos de mi entrenador Jack Kearns y los gritos de su ayudante Jerry Greek, quien maldecía por no poder encontrar las sales para reanimarme, que al final aparecieron en el bolsillo de Jack.

 

— ¿Qué pasó?, le pregunté atolondrado a Jack.

— Mucho, pero en el fondo nada, muchacho; ahora a salir y a matar, contestó Jack. Y lo hizo tal cual".

 

Por fortuna, la leyenda de Luis Ángel se prolonga en Irma (83 años) y ésta en su hija Irma María de Lourdes Pérez Barbieri (“Chiche”), sobrina nieta de Firpo. La tía Irma recuerda con emotiva frescura a aquel hombre simple, tímido, reservado, de costumbres austeras, sereno que jamás tuteaba a nadie, ni hacía ostentación de riqueza u honores. Desde la estancia Las Charas pegada a la Blanca Lourdes –nombre de su esposa a quien conoció en Cuba en medio de una gira– estas mujeres se enorgullecen al referir cosas del tío Luis Ángel. Lo hacen desde el campo de Ordoqui a solo 2 kilómetros de Carlos Casares distante 313 kilómetros de la Capital.

 

Sin duda alguna Firpo fue un símbolo de la devoción popular que salió 23 veces en la tapa de El Gráfico durante los años 20′. Tal era su fama que cada huésped célebre que llegaba al país pedía saludarlo, quería conocerlo desde el Príncipe de Gales hasta el presidente norteamericano general Dwight D. Eisenhower quien salió de agenda para hacer un encuentro personal realizado en el Luna Park durante su visita de febrero de 1960.

La vida de Firpo –tal lo descripto por Irma– era de estrecho vínculo familiar. Más aún, su paso por el boxeo de los Estados Unidos le permitió llevar a cabo negocios y convertirse en el primer concesionario de los tractores de John Deere y de los autos Stutz. Y sin embargo era él quien llevaba a cargo las tareas administrativas desde el escritorio de su casa en la calle Eduardo Costa 3063 en el Barrio Parque, un verdadero palacio oriental que ya fue remodelado. Las estancias, los campos, los negocios, las propiedades y los regalos valiosos llegados desde todo el mundo, jamás alteraron su vida en familia lejos de un mundo nocturnal que siempre lo llamó y al que nunca quiso acudir.

 

 

Dempsey, Tunney y Firpo en uno de sus encuentros años más tarde

 

 

No obstante a la familia siempre le resultó imposible tocar el tema de la pelea contra Dempsey. En tal sentido tanto Irma como Chiche –excelente remera en la categoría Master de canoa Polinesia– refieren que una vez después de almorzar alguien de la mesa insistió por milésima vez: “¿Luis por qué crees que te robaron la pelea?”.

 

Y Firpo levantándose algo contrariado se acomodó su infaltable saco, caminó unos pasos, giró la mirada hacia adonde se hallaban los comensales de la familia y con aquel entrecejo adusto y el mechón descendiendo por su frente, les respondió:

“No me lo pregunten más por favor, tenía que perder y perdí; yo solo quise demostrar que podía y lo demostré, basta, de esto no se habla más, no me pregunten nunca más nada…”.

 

Fue el 4 de noviembre de 1951 cuando el enorme Jack Dempsey vino al país para la inauguración de Canal 7 como invitado especial de su dueño Jaime Yankelevich. La cita fue en Ayacucho y Posadas desde donde el canal comenzó a emitir. Al reencontrarse Dempsey abrazó a Firpo, lo llevó aparte y le murmuró al oído: “Debo decirte la verdad Toro, me ganaste la pelea, sí me ganaste…”.

 

Firpo entonces con humildad y respeto le respondió: “Gracias Jack, yo perdí la pelea pero gané muchos amigos…”.

En las tumbas de Vito Genovese o Lucky Luciano –quienes manejaban las apuestas– tal vez se sepa por qué Firpo no le podía ganar esa noche a Dempsey a pesar de su vuelo de 17 segundos fuera del ring…

Feliz Día del Boxeador Don Luis Ángel…

 

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